Rincones con historia: tapices y baúles en el Parador de Sigüenza

¿Eres de los que disfruta sentándose junto a una chimenea en invierno? ¿Buscas rincones llenos de paz? En Paradores iniciamos un recorrido por nuestras chimeneas con más historia para planes viajeros en los que buscas algo más: tiempo para ti, tranquilidad, espacios únicos…como el Salón del Trono del Parador de Sigüenza.

Salón del trono Parador de Sigüenza

 

Este salón delimitado por pilares cuadrados se construyó en la época medieval y era donde los señores y obispos de Sigüenza impartían su particular justicia civil y eclesiástica. Era, por ejemplo, el espacio donde el obispo recibía audiencia.

Es un salón con joyas que merecen la pena ser admiradas, como si de un pequeño museo se tratara. Aquí encontrarás dos tapices flamencos atribuídos a la escuela de Rubens y datados en el siglo XVII. El más grande representa a Dido, reina de Cartago, mostrando unos planos de un templo. En ese momento aparece su amado Eneas y ella queda paralizada por el amor. Al fondo se puede observar como se está construyendo la ciudad. Existe una réplica exacta en el Museo de Cleveland. El cartón de este tapiz, (pintura que servía de base para los tejedores), pertenece al pintor italiano Giovanni Franccesco Romanelli. (son todos originales).

Salón del Trono Parador de Sigüenza

El segundo tapiz presenta las mismas características técnicas y pertenece a la misma escuela. Pero no ha sido posible identificar la escena que representa.

Además de las piezas de esta sala, en el distribuidor y en la recepción del Parador encontramos una colección de baúles y bargueños, piezas que hoy encontramos como elementos decorativos. En su momento además de guardar los enseres de sus propietarios para su transporte, servían de mobiliario cuando llegaban a su destino.

 Parador de Sigüenza

Todos los baúles del Parador de Sigüenza presentan unas características comunes. La tapa es abombada para que el agua de la lluvia resbalara y cuentan con asas en los laterales. Los materiales con los que están cubiertos son de lo más variado aunque el más común sea el cuero, con tachuelas que en ocasiones dibujaban las iniciales de su propietario.

También destinado al transporte, en este caso de documentos, era el bargueño. Típicamente español, se utilizó sobre todo entre los siglos XVI y XVII.

Si cerrados suelen ser muy sencillos, la belleza está en su interior, con múltiples cajones y puertecillas y en ocasiones, con compartimentos secretos.

Piezas de gran belleza hoy que en su momento respondieron a utilidades prácticas y que en Paradores conservamos y mostramos como parte de nuestra historia.

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