Delta del Ebro, suma de ecosistemas únicos que abrazan el Mediterráneo

El gran río alcanza su cenit en el delta, un paraje rebosante de vida y serenidad. El Parque Natural del Delta del Ebro desprende una belleza sobrecogedora donde el tiempo parece haberse detenido.

El Ebro extiende sus dominios entre los humedales que reflejan como espejos el vuelo de las aves. El caudal del río es inmenso. Henchido de agua, serpentea tejiendo un hermoso manto verde que logra su perfección en el delta donde confecciona uno de los parajes más hermosos del Mediterráneo.

 

Delta del Ebro

 

Las Tierras del Ebro forman un territorio singular, donde la comunidad y la naturaleza han firmado un pacto de respeto. Agricultores, ganaderos, pescadores y artesanos han encontrado en los recursos naturales su fuente de subsistencia e inspiración y los han adaptado a un modus vivendi pletórico de tradiciones y sorprendente gastronomía. Esta es una de las muchas razones por las que la UNESCO ha otorgado a este enclave el reconocimiento de Reserva Natural de la Biosfera.

El paraje de las Tierras del Ebro alberga también dos parques naturales: el Delta del Ebro y el Macizo dels Ports; dos ecosistemas únicos que han resistido el ritmo lento pero implacable de la naturaleza. 

 

Entre arrozales

El Parque Natural del Delta del Ebro es la zona húmeda protegida más grande de Cataluña. Los arrozales, que se extienden como una prolífica alfombra, adquieren en cada época del año una tonalidad diferente. Desde el cielo, el delta parece la cabeza de una flecha. El inmenso río, horondo de agua, lleva depositando durante miles de años los sedimentos que dan forma al triángulo de tierra que conquista el mar. Entre las fecundas especies vegetales sobresalen cañizos, juncales, eucaliptos y madreselvas de río; una vegetación que ha tenido que adaptarse a condiciones extremas y colonizar dunas, suelos salinos o zonas de lagunas. El delta es, además, un paraíso para los amantes del birdwatching (observación de aves), pues sus cielos acogen el vuelo de más de 343 especies.

Arrozales

 

El entorno alberga lugares imprescindibles como La Bassa de les Olles, que surgió como resultado de una de las desembocaduras más antiguas del Ebro. El paseo es abrumador, porque entre arrozales y dunas pueden contemplarse flamencos, patos collverds, garzas o martines pescadores.

La Encanyissada y la Cerrada son las lagunas más grandes del delta. La visita puede iniciarse en el centro de información de la Casa de Madera –construcción emblemática del parque, construida a finales de los años 20 del siglo pasado– y continuar entre antiguas salinas, hoy abandonadas, donde puede escucharse el arrullo de la naturaleza y su caprichosa diversidad.

De todas las playas que hay en el delta, la más majestuosa es La Marquesa, impactante por su arena dorada y aguas cristalinas. Culmina en el formidable faro del Fangar, sobre el que se asientan las dunas mejor conservadas del parque. 

 

Flamencos

En verano se abre la valla del Trabucador, una larga barrera de arena de más de 5 km, por la que se accede a la pequeña península de la Punta de la Banya. La vista permite contemplar un mar infinito a izquierda y derecha. El mirador deja al descubierto las salinas de la Trinidad, morada de abundantes flamencos durnate casi todo el año.

El gran río sucumbe ante el mar con un abrazo espectacular, que ampara tres espacios naturales protegidos: el Garxal, la Isla de Sant Antoni y la Isla de Buda; islas con paso restringido cuya autorización debe solicitarse al parque.

Al amanecer, la apoteosis de aves que sobrevuelan el espejo de los humedales abruma. Imposible no rendirse ante tanta belleza.

 

Parador de Tortosa

 

Amanecer junto al gran río

Tortosa se encuentra situada sobre el Ebro, cerca de la desembocadura donde comienza el delta. El Parador está ubicado en el espectacular castillo de la Zuda, fortaleza de origen templario que tuvo función defensiva y, en ocasiones, fue residencia real de Jaime I. Cuenta con piscina y confortables habitaciones que regalan magníficas vistas a la silueta plateada del río.

Texto: María José Prieto

Fotos: Shutterstock/Paradores