Filandeando con José Mª Merino, Luis Mateo Díez y Juan Pedro Aparicio: "No todo el mundo tiene una historia que contar, creer lo contrario es un grave error"

Merino, Díez y Aparicio son la santísima trinidad de las letras leonesas. Sus trayectorias se asocian y disocian hasta trascender de lo amorosamente local a lo universal. Y suman entre los tres una ingente comunidad de lectores fieles. Como dioses terrenales, no son ajenos a los milagros. Han llevado con éxito formidable la hermosa tradición leonesa de los filandones –reuniones invernales nocturnas en las que se contaban historias– a todos los rincones del mundo. Nadie mejor que ellos para hablar de ficción, de literatura y de la misma vida en un tiempo tan confuso. Escucharles es una delicia. Disfrutar de su sabiduría entre los muros del histórico Parador de León, una experiencia divina.

 

Merino, Díez y Aparicio

 De izquierda a derecha, Juan Pedro Aparicio, José María Merino y Luis Mateo Díez.

 

Los primeros cuentos son el kilómetro cero de nuestra aventura como lectores. Por eso, no hay nada más humano que preguntarse cuáles son sus historias favoritas.

José María Merino: Mi historia favorita es una que leí sin saber que iba a ser mi preferida. Se trata de Heidi, de Johanna Spyri. Hoy la veo como un relato sobre la pérdida del paraíso.

Juan Pedro Aparicio: ¡Hombre, no sabría elegir! Lo mismo que si me preguntas entre las doscientas o trescientas novias que he tenido (bromea). Tendría que irme casi a la infancia: El Guerrero del Antifaz. Para mí era incluso más importante que el Cid Campeador.

Luis Mateo Díez:En mi caso diría que la Historia de la Niña Robada, una leyenda antigua de mi tierra, que me impresionó desde niño, sobre una muchacha guapísima, que fue raptada y violada en una fuente. Como respuesta a las plegarias de sus padres, cuenta la leyenda que las fuentes de Babia manaron corales. Cuando era mozalbete y más mirado de lo debido, fui a ver una película de Bergman con un amigo y me encontré con esta leyenda. La película era El Manantial de la Doncella, claro."La literatura es el mejor medio de estudio de la realidad"

 

"La literatura es el mejor medio de estudio de la realidad"

 

Merino, Díez y Aparicio han sacado brillo al viejo filandón leonés, las reuniones invernales consagradas a contar historias. Y lo han llevado por todo el mundo. De Colombia a Nueva York o Alemania, se han encontrado con un público boquiabierto. Nadie se resiste a una buena historia.

JMM:  Las historias están en el pensamiento simbólico. Nos han educado en lo más profundo de nuestra psique. Los primeros cuentos que nos contaron hicieron que entendiéramos el mundo, por eso nos siguen fascinando.

LMD: Los microrrelatos que leemos o contamos en estos encuentros pertenecen a tres mundos literarios muy concomitantes por nuestra amistad. Somos tres voces muy distintas y ¡buenas! según dice el respetable. Hemos concluido que aún pervive la fascinación por escuchar historias. Tanto, que nuestros filandones siempre funcionan. ¡A lo mejor tenemos una gracia especial!

JPA: Siempre me he preguntado qué tienen nuestras historias para gustar en todo el mundo. Acaso sea por el peso de nuestra memoria de niños cuando pedíamos que nos contaran un cuento que nos enganchara y nos sorprendiera.

 

"Aunque las grandes historias permanecen, cambian sus canales. Las redes sociales pudieran ser un vehículo literiario, pero se han conformado con ser un espacio trivial"

 

Aunque las grandes historias permanecen, cambian sus canales. Las redes sociales pudieran ser un vehículo literario, pero se han conformado con ser un espacio trivial.

JPA: No frecuento estos medios, me provocan angustia. No deseo verme expuesto en un mundo que desconozco y no controlo.

LMD: Las historias tan multiplicadas se trivializan irremediablemente. No todo el mundo tiene una historia que contar, creer lo contrario es un grave error. Las grandes historias están en la literatura. El mundo de las redes sociales me parece una pérdida de tiempo porque tengo una vida llena. Es un mundo trivializado, en el que la estupidez adquiere el relieve de poder decir “yo también estoy aquí”. Y no lo estás.

 

Merino, Díez y Aparicio

 

La lengua de los contadores de historias no está exenta de modas y controversias. La entrada creciente de anglicismos y el uso, a veces desmedido, del lenguaje inclusivo, hace que el español esté más pendiente de la corrección política que de la lógica…

JMM: Me escandaliza encontrarme cada día con más palabras en inglés. Cuando llega una palabra que define algo nuevo hay que aceptarla sin traducirla. Lo absurdo es encontrarse un letrero que ponga nails cuando se está hablando de uñas. Cada palabra que entra y tiene un sustituto destruye al sustituto y a todos sus sinónimos. Hay que tener cuidado con esto, porque el empobrecimiento del lenguaje es muy peligroso a la larga. Mejorar nuestro pensamiento simbólico enriqueciendo el lenguaje nos sirvió para definir mucho mejor las cosas. Todo lo que sea empobrecer el lenguaje nos perjudica como especie.

JPA: Más que las palabras en inglés, me molestan aún más esas expresiones como “poner en valor”, que vienen de la política o del periodismo.

JMM: El lenguaje inclusivo, tal como está planteado, me parece una barbaridad y no creo que favorezca a las mujeres. Hay que cambiar la realidad para que cambie el lenguaje, pero no hay que cambiar el lenguaje pensando que transformará la realidad.

LMD: Cuando se radicaliza una opción, en una sociedad tan polarizada, afloran los ejemplos terribles de nuestros políticos. Una culpa tremenda la tienen estos señores y señoras.

 

"Los primeros cuentos que nos contaron hicieron que entendiéramos el mundo, por eso nos siguen fascinando"

 

A veces uno se pregunta dónde están los intelectuales en esta sociedad huérfana de referencias. Hubo un tiempo en que estas figuras respetadas, llamaban al orden cuando era necesario...

LMD: No sé dónde están los intelectuales ni quiénes son. La intelectualidad se ha asumido desde la ideología, cuando las ideologías hoy son una farfolla o unas reivindicaciones pasadas por completo. Y luego están los medios de comunicación. Parece que ahora los grandes intelectuales son los tertulianos. Están grajando todo el día, de un sitio para otro. Donde mejor está el escritor es en casa, escribiendo novelas extraordinarias.

JPA: ¿Por qué no hay voces con autoridad? Porque ya no hay medios con autoridad. Desde hace tiempo las opiniones se cultivan (y se controlan) por los  media como productos elaborados en una granja. Y cada medio tiene su propia granja de opinantes.

 

La ausencia de referentes desnudó al mundo presente en lo peor de la pandemia. El confinamiento hizo de la literatura una manera exquisita de sobrellevar la realidad y expuso la necesidad de contar con refugios íntimos.

JMM: En palabras del profesor Eduardo Souto, la realidad no necesita ser verosímil, solo se produce. Vivimos momentos inverosímiles, como la guerra de Ucrania o la pandemia, pero la literatura debe ser verosímil. Entendemos esa inverosimilitud de la realidad gracias a que la literatura construye verosímilmente las historias que cuenta, incluso las fantásticas. Me gustaría precisar, además, que la lectura se debe llevar a cabo en el libro. Estamos entrando en un mundo en el que parece que el libro es una antigualla y si perdemos el libro perderemos uno de los elementos fundamentales de la especie humana. No hay que enchufarlo ni necesita una aplicación.

JPA: La literatura es un excelente instrumento para conocer la realidad. Mientras escribes penetras en un territorio  desconocido. Siempre me exijo metas nuevas, ya sea en el asunto o en la forma de contarlo. Si no la hago así me parece que estoy perdiendo el tiempo y me resulta tedioso.

LMD: Escribir es descubrir. No sé quién dijo esa frase, pero leer
ficción también tiene un punto creativo.

 

Merino, Díez y Aparicio

 

JOSÉ MARÍA MERINO:

Galardonado con el Premio Nacional de las Letras y los Premios Nacional de Narrativa y de la Crítica, José María Merino, también académico de la Lengua, es uno de los mejores escritores y cuentistas de la literatura española. Su última obra, La novela posible, conjuga novela histórica, una autoficción centrada en el confinamiento y una historia de amor. Para Merino, “esa es la gracia que tiene la escritura para un creador, te permite hacer esa especie de conjugaciones que parecen imposibles”. En la trastienda queda su fascinación por la pintora Sofonisba Anguissola y un diario de referencias personales. “Tienes que dar bastantes vueltas hasta que decides que lo mejor es encajar estas tres historias”, concluye.

 

JUAN PEDRO APARICIO:

Una referencia de la literatura leonesa, cultiva la novela, el cuento y el ensayo. Con El año del francés, en 1986, consigue un amplio reconocimiento, confirmado con la concesión del Premio Nadal en 1989 y, más recientemente, con el Premio Internacional de Ensayo Jovellanos por su obra Nuestro desamor a España. Su libro El Transcantábrico inspiró la puesta en marcha de un tren turístico con el mismo nombre. A lo largo de su celebrada carrera, confiesa que para él “escribir es penetrar en un territorio desconocido, sin mapas y sin la falsilla de su trabajo anterior, así la escritura se convierte en juego y en aprendizaje y eso es lo que luego el lector disfrutará contigo”.

 

LUIS MATEO DÍEZ:

Es, sin duda, uno de los nombres más relevantes de la narrativa española. En 1999 ganó el Premio Nacional de la Crítica y el Premio Nacional de Narrativa. Es miembro de la Real Academia Española desde 2001. Ha conseguido llegar desde lo local, con sus historias ubicadas en la imaginaria comarca leonesa de Celama, hasta lo universal. Su último libro, Celama, un recuento, revisita y actualiza estas historias. En plena globalización, sus seguidores se identifican con este terruño que evoca Díez, aunque según dice, “no siento la necesidad de identificarme con lo que cuento. En la parte creativa, se trata de crear un espacio para la imaginación personal muy íntimo”.

 

Texto: Luis Tejedor

Fotos: Cristina Bazán Sancho