“Hay que tener un punto de locura para lograr lo que crees imposible"

Belén Rueda

Actriz

Tan querida por el público como respetada por sus compañeros, Belén Rueda es uno de los rostros más reconocibles del cine y la televisión. Curiosamente, la fama parece traer sin cuidado a esta actriz que ha hecho de la naturalidad una manera de conducirse por la vida. No es una diva, es una actriz… y de las buenas. Nos concedía esta entrevista para el número 4 de la Revista Paradores.

 

Belén Rueda

 

Llega a Madrid como estudiante de arquitectura y termina como presentadora de televisión. Aquí hay una buena historia...

Puede sonar complicado, pero entonces tenía mi corazón partido entre el ballet y mis estudios. Mi madre es profesora de ballet y mi padre ingeniero de Caminos, así que a veces estaba en los escenarios con el ballet y otras estudiando matemáticas. Ya en Madrid busqué una escuela de ballet, pero me di cuenta de que no tenía tiempo. Compaginaba la facultad de Arquitectura con un curso de arte dramático, pero creía que no era lo mío por mi timidez. ¡Qué curioso! Pensé que mi forma de ser me impedía avanzar. Al principio tiraron más las ciencias que el ballet, pero no terminé la carrera porque me casé y me fui a Italia a vivir. Luego volví y empecé en VIP Noche y después ha venido todo lo demás.

 

¿Echa de menos la televisión?

Gran parte de mi formación viene de la televisión y echaba de menos esas grabaciones en las que los equipos de grabación forman parte de tu familia. Si tienes la oportunidad de elegir, eliges el proyecto que te gusta, independientemente de que sea cine, teatro o televisión.

 

Ha trabajado en cine, teatro y televisión. Tendrá sus preferencias…

La televisión es la que me ha enseñado todo. Me quedo con la espontaneidad y la oportunidad de conocer a la gente a fon-do porque se alarga en el tiempo. El cine tiene la ventaja de ofrecerte más tiempo para preparar la historia que vas a contar, pero son historias que duran dos horas. El trabajo es más intenso. Y del teatro me quedo con el contacto con el público, que para una actriz es un regalo.

 

¿Cómo ha cambiado la tele desde aquellos años 90?

En España, la ficción no tiene nada que ver con lo que se hacía antes. No es que aquellas series fueran peores, sino que se le ha dado a la ficción española el lugar que merece. Con poco presupuesto y mucha creatividad se grababan series muy buenas y eso es maravilloso. En este sentido, España ha avanzado más rápido que otros países. Hoy la televisión marca tendencias, en muchas ocasiones, sobre lo que le puede gustar al público en cuanto a temas, géneros y cosas nuevas que antes parecía introducir el cine.

 

Belén Rueda

 

¿Qué lecciones vitales ha aprendido en estos años de carrera?

Que la constancia y el trabajo te permiten avanzar. Parece obvio, pero hay que aprenderlo. Es una profesión engañosa, porque alcanzas el éxito y piensas que nunca más te va a faltar el trabajo y no es así. Además, es peligrosa, porque estás rodeada de gente que constantemente te dice lo bien que lo haces y eso no es real. He aprendido también que nunca puedes dejar de trabajar porque el talento, si no va acompañado de trabajo, no va a funcionar. Además, no puedes dejar cadáveres en el camino, porque se cambia mucho de equipo, pero al final te encuentras con la misma gente. Hay que tener constancia y no perder la ilusión, porque el resultado no será el mismo.

 

Parece que usted es todo constancia y sensatez…

Soy constante y sensata, pero en la vida hay que tener también un puntito de locura para hacer aquello que piensas que no puedes y luego conseguirlo a base de trabajo. Siempre existen abismos y a veces hay que coger carrerilla para saltarlos. Parece lógico que a base de trabajo puedas alcanzar tus metas y, sin embargo, hay gente que nunca lo consigue. El ballet me ha enseñado mucho de eso, porque es muy sacrificado. Cuando llegas a un determinado nivel, conseguir un poquito más supone un esfuerzo de años. En definitiva, para lograr algo que deseas, hay que insistir mucho. No hay otro remedio.

 

¿Insistiendo llegó la prueba con Alejandro Amenábar?

Cuando me llamó no me lo creía. Pensé que me tomaban el pelo porque me veía a mi misma como una chica de televisión. Me tiré a la piscina. De hecho, en la prime-ra prueba ni siquiera estaba nerviosa por-que pensaba que aquello era imposible. Pero a la segunda ya fui muerta de miedo, temblando. Ha habido ocasiones en las que me ha entrado tal pavor a una prueba que he pensado incluso en buscar excusas para no ir. Pero encontrar el punto de decir “sí puedo” hace que lo demás salga. El día de la segunda prueba de Mar Adentro fui con Javier Bardem. Estaba muy nerviosa y me preocupaba saber por qué Alejandro quería que lo hiciera yo. Me decía que le gustaba mi naturalidad porque el guión ya tenía suficiente carga dramática. Como sólo había hecho comedia, sentía vértigo y llegué con el guión aprendidísimo. Javier intentaba relajarme y no paraba de decirme: “tranquila, ¿qué puedo hacer para ayudarte?”. Siempre me he acordado de esos momentos cuando me ha tocado hacer pruebas con otros actores.

 

Pues le salió muy bien porque ganó el Goya a la Mejor Actriz Revelación.

Era la primera vez que iba a la gala. Tenía 40 años. De repente te ocurren cosas que te sorprenden. Cuando escuché mi nombre pensé que no era verdad. Miré a mis hermanos y apenas tuve unos segundos para decir “no quiero que me lo den si tengo que hablar ahí arriba”. Fue un momento muy especial, porque era mi primera película. Dentro del equipo se creó un ambiente magnífico, muy participativo, que nos brindó la oportunidad de estar en contacto directo con los personajes reales que vivieron aquella historia.

 

"Me alojé en el Hostal de los Reyes Católicos con mis hijas cuando estaba rodando Mar Adentro y a todas nos pareció espectacular. Era como vivir en un castillo de época"

 

El Orfanato, Los Ojos de Julia, El Mal Aje-no, El Cuerpo, Séptimo… La hemos visto en varias películas que nos han dejado pegados a las butacas. ¿Le gusta ese género?

Lo que deja en la butaca son esos guiones que cuando te llegan a casa no puedes dejar de leerlos. Ahí hay algo. El Orfanato es una película de género y yo no estaba acostumbrada a eso. Pero es muy humana y eso es lo que me llega. El género es una excusa para contar historias reales, dramáticas y cómicas, pero de personas. En El Orfanato había jefes de equipo que hacían una película por primera vez, empezando por el director, Juan Antonio Bayona. Le pregunté si la película iría a algún festival pero él ni lo creía, porque eran todos no-veles. Había mucha ilusión y ganas, pero no presión por estar esperando algo de nosotros.

 

Son todos personajes complejos. ¿Ha hecho algo especial para preparar algún personaje?

Siempre haces algo especial. En Mar Adentro estuve con gente que había pasado por la misma situación. El que la gente te cuente sus historias personales, su día a día, sus alegrías y sus penas, ayuda mucho. En El Orfanato estuvimos con una asociación de familiares desaparecidos y no es lo mismo que te lo cuenten a vivirlo. Hice otro personaje de alcohólica y me reuní con afectadas que incluso me hablaron del drama de volver a beber. No solo te cuentan lo dramático, sino cómo superan metas para nosotros normales.

 

Belén Rueda

 

¿Qué lugar elige Belén Rueda para desconectar?

Me gusta ir a sitios abiertos. Echo mucho de menos el mar (…). El mar siempre me ha faltado y allí me siento muy bien. Cuando no tengo tiempo me voy a la Sierra de Madrid a perderme, en el sentido literal. Es curioso, porque rodando descubres sitios como el castillo de Manzanares el Real y su lago, que son fascinantes y están aquí al lado.

 

¿Cómo prepara los viajes?

Soy bastante caótica. Sé dónde quiero ir y luego veo lo que me ofrece el lugar. Preparo algo a través de internet. Cuando fui a Croacia, descubrí buscando en la red que había un parque natural en el interior precioso. Alquilamos un coche y fuimos. Me gusta organizar un poco, pero no llevar todo el planning hecho. Apunto un par de pistas donde poder ir, pero luego vivo el sitio y pregunto a la gente.

¿Qué no falta nunca en su maleta?

Mis cremas. Me llaman “Doña Cremas”. Me las llevo todas en botecitos pequeños. Para eso soy muy ordenada, porque no cargo peso y siempre estoy rellenando botes para salir de viaje.

 

¿Un parador que recomendaría?

El de los Reyes Católicos, de Santiago de Compostela. Me alojé allí con mis hijas cuando estaba rodando Mar Adentro y a todas nos pareció espectacular. Era como vivir en un castillo de época. Disfrutamos mucho porque es precioso. Las camas tenían doseles y todo. ¡Impresionante!

Texto: Luis Tejejor / Aurora Lozano.

Fotos: Jotxo Cáceres