Las 9.000 y una noches… del Albaicín

El Albaicín es el epicentro de la vida de Granada. Sus calles dieron origen a la ciudad y sus paredes guardan el rumor de las voces nazaríes que vieron la historia de España grabada en sus piedras.

 

El Albaicín

Estrechas calles del Albaicín.

 

… Sherezade continuó con su relato al sultán Shahriar, esta vez sobre un mágico lugar al sur de España. Un paraje, con nombre de exótica fruta, en el que nació el Albaicín, uno de los núcleos de la ciudad musulmana: –“Fíjese, ¡oh rey afortunado!, que allí se instaló la madre del rey Boabdil, en el Palacio de Dar-Al-Horra”–, destacó la princesa de Las Mil y Una Noches.

Narraba Sherezade la magia del agua que se distribuía por el lugar: “Y he llegado a saber que pasear por el Albaicín es pasear por la tradición de Granada. Un camino que comienza en Puerta de Elvira, en el arranque de la colina. A sus pies se encuentra la actual Plaza de San Gil, conocida en época musulmana como Plaza de Hatabin. Fue una de las más concurridas en la época árabe, pues servía como punto neurálgico de las comunicaciones entre la ciudad, los arrabales y las medinas situadas en el margen opuesto del río Darro. La vida, la alegría y la gloria recorrían las calles dejando huellas del paso musulmán en construcciones con aroma a jazmín”.

Interrumpe la narración Daniazada, hija del visir, para evocar los jardines moriscos y la decoración de sus villas; aunque Sherezade prosigue: “He llegado a saber, ¡oh rey afortunado!, que quien paseaba por la calle Elvira podía admirar su mezquita, hoy convertida en la iglesia de San Andrés, que todavía luce orgullosa su minarete. Allí se dirigían los hombres hasta la Plaza Nueva, la Real Chancillería y paraban a descansar en la Iglesia de San Gil y Santa Ana, ejemplo de las construcciones mudéjares del siglo XVI”.

 

Vista de la Alhambra desde El Albaicín.

Vista de la Alhambra desde El Albaicín.

 

Cierto es lo que contaba la hija del visir.  El rumor del agua corriendo por las alegres vías lleva a los visitantes, aún hoy, a la Carrera del Darro, una de las travesías más bellas y pintorescas de Granada. Su localización especial en el valle del río, los contrastes lumínicos provocados por la estrechez de la calle y la belleza de construcciones que la flanquean, como la Casa de los Condes de Arco, el Convento de Santa Catalina de Zafra, la Casa de Castril o los Baños Árabes del Bañuelo, conquistarían, años más tarde, las plumas de románticos franceses e ingleses. Piedras y rincones que esconden el origen de bellas historias y leyendas que guardaban su colofón final en el Paseo de los Tristes, uno de los lugares emblemáticos del Albaicín que parte hacia el Sacromonte.

 

Panorámica de Granada

Panorámica de Granada con el Albaicín en primer plano.

 

“Justo ahí, ¡oh mi buen rey!, habitando las cuevas, se oyen los quejíos del tablao flamenco. El repicar de los tacones sobre la madera gastada, la voz rota de los cantaores, los acordes singulares de la guitarra española y el sentimiento y los sobresaltos de cuantos disfrutan del espectáculo”, relata Sherezade antes de hacer una parada en su relato para continuar más enérgica.  “Es de allí, mi buen rey, de donde parte el protagonista de nuestra historia. Se dirige a realizar sus abluciones en el patio de la Mezquita Mayor, hoy la Iglesia de San Salvador. Se prepara para su momento de oración, previo a la visita de la Plaza Larga donde encontrará a su amigo para departir frente al mirador de San Nicolás, admirando, al atardecer, los colores que desprende la Alhambra. Mi historia es extraordinaria y contaré todo lo que me sucedió y todo lo que sufrí”, relataba el hombre mientras transitaba por la muralla nazarí de la Alcazaba antes de bajar por el Carril de la Lona…

 

Parador de Granada

Parador de Granada.

 

La voz de la princesa se pierde en la nebulosa de un dulce sueño. En ese preciso instante un hombre ataviado al estilo marroquí entra en la Plaza de San Miguel Bajo y Sherezade regresa a la actualidad, año 2019. Tras descansar y disfrutar de la gastronomía granadina en un restaurante al aire libre, se había trasladado a su propio cuento de Las Mil y Una Noches. El día había sido largo. Perderse por las callejuelas del Albaicín o visitar el Convento de Santa Isabel la Real le habían impactado hasta “adormecerla” y trasladarla al origen de este rincón de Granada.

 

Parador de Granada

Parador de Granada.

 

La voz del guía llegaba entre brumas. “El 17 de diciembre de 1994 el Albaicín fue declarado por la UNESCO Patrimonio Mundial destacando y reconociendo su valor universal excepcional”. Un rico legado de la arquitectura árabe combinado con la arquitectura tradicional andaluza. Un reconocimiento que sirve para potenciar la cultura y economía local y perpetuar una sociedad integrada en el barrio.

 

Parador de Granada. Al Qubba.

Parador de Granada. Al Qubba.

 

Parador de Granada

 

Para no despertarse jamás del sueño árabe que produce el Albaicín es obligado alojarse en el Parador de Granada, en el mismo recinto de La Alhambra. Entre jardines y fuentes que evocan un pasado glorioso, donde se mezcla lo árabe y lo cristiano, emerge la oportunidad exclusiva que brinda el antiguo convento construido por decisión de los Reyes Católicos sobre un palacio nazarí del que aún se conservan restos como la Al Qubba y la Sala Nazarí.

 

Parador de Granada

Parador de Granada.

 

Y si obligado es alojarse, obligado es sentarse en su terraza con vistas a los jardines del Generalife, el Sacromonte y el Albaicín degustando platos como Breua nazarí, Rape en salsa mozárabe o Cabrito al estilo alpujarreño o los típicos piononos de Santa Fe. Un momento único que perdurará en los sentidos.

Piononos del Parador de Granada.

Piononos con sorbete de Arrayán.

Texto: María Fernández

Fotos: Paradores de Turismo de España / Shutterstock