Parador de Chinchón, alojarse en una capilla real

Experimentar en primera persona lo que pudo sentir Felipe V allá en 1706 cuando fue proclamado rey en la Plaza Mayor de Chinchón es factible gracias al viaje en el tiempo que supone hospedarse en el Parador de Turismo de la localidad madrileña. El establecimiento, que preserva el ambiente del convento agustino del siglo XVII donde fue habilitado, ha reconvertido su antigua capilla en una hermosa habitación abovedada: la nº 140 o Habitación Capilla de Felipe V, poniendo a disposición del huésped una exclusiva estancia digna de un monarca.

Esta privilegiada suite es una de las 20 “Habitaciones Únicas” que la compañía pública hotelera oferta a lo largo de toda su red de 97 establecimientos. Para la directora del Parador chichonense, Nieves Montisi este regio aposento constituye uno de sus grandes atractivos. Un elemento diferenciador que describe apasionadamente en el espacio que el programa Marca España de RNE dedica semanalmente a Paradores. “Las habitaciones únicas están catalogadas porque son zona monumental y muy especial. Y es realmente único, no se encuentra en otros hoteles. Igual puede ser una sala de armas de un castillo, como en este caso la antigua capilla del convento”, explica.

Capilla de Felipe V

La alcoba destaca por su bóveda, magníficamente iluminada, un enorme ventanal desde el que se puede admirar el espléndido jardín de nísperos, sus murales de papel pintado y los muebles de forja llenos de detalles. No es menos singular el baño, por el logrado contraste entre lo moderno y lo antiguo.  “Todas las paredes están pintadas a mano, con motivos inspirados en los Jardines de Aranjuez. Es como un gran trampantojo, pero muy elegante y muy romántico. Y en el centro está la cúpula, que tiene 8 metros de altura. Y casi, casi, lo que más sorprende a todo el mundo es el cuarto de baño, que es enorme. Era la antigua sacristía. La bañera está en el medio y todo es de diseño. Entonces entras en el baño y dices: ¡Guau!”, evidencia.

Pero esta habitación llena de historia y elegancia no es el único encanto del complejo, declarado Bien de Interés Cultural. El Parador se inauguró en 1982 después de una larga rehabilitación iniciada una década antes. Una restauración de la que la directora destaca la sensibilidad demostrada por el arquitecto Juan Palazuelo a la hora de respetar los espacios originales, pese a que en 1842 se establecieron allí los juzgados y la prisión que funcionó hasta los años cincuenta del siglo XX, que confiere al conjunto ese aire monacal que le caracteriza. “Lo bueno del edificio es que entras y tiene una atmósfera que cautiva.Y el arquitecto, muy hábil o muy respetuoso con lo que percibe y con lo que ve aquí, lo primero que hace es plantar una infinidad de árboles frutales en lo que fue la antigua huerta, distribuida en bancales para que no se perdiera ese aire conventual”, explica.

La intervención conservó fielmente la arquitectura del conjunto, dando a los espacios nuevos usos acordes a las necesidades actuales y con todas las comodidades de un establecimiento moderno. “La parte de abajo, cuando termina la huerta y empezaban las cuadras, las caballerizas del convento y la puerta de carros… es donde están la piscina y los vestuarios y un salón de baile. Pero todo respetando totalmente la estructura. De tal manera que tú piensas que vas a entrar en unas caballerizas y luego te encuentras un salón de baile”, pormenoriza.

Aunque el edificio ha sufrido numerosos cambios, conserva el claustro, la iglesia y la escalera de madera original, todo en un reconocible barroco madrileño de mampostería y aparejo de ladrillo. El Parador aprovecha la estructura conventual y la distribución de las antiguas celdas.

LA ILUMINACIÓN, “UNA OBRA DE ARTE”

Para Nieves Montesi otra apuesta de éxito fue la “redecoración magistral” acometida en época más reciente, con una mimada iluminación vanguardista que contribuye a preservar su aura. “Lo mejor de este Parador fue que en la redecoración se conservó una atmósfera muy especial, con una fusión de lo antiguo y lo moderno, con una iluminación preciosa. La iluminación se puede considerar una obra de arte. Estamos muy orgullosos porque conservando lo nuestro tiene un aire moderno, también.Cuando la decoradora lo hizo, fue increíblemente visionaria, parece que ha conservado la modernidad”, sostiene.

Vista noctura del patio

Todo ello favorece que la estancia sea una experiencia en sí misma. Una vivencia cuasi mística que supone meterse en una máquina del tiempo e imaginar cómo era la vida monacal. “Es un privilegio porque es que casi se ve a los monjes por la huerta o subiendo unas escaleras originales de madera del siglo XVII”, resume.

En torno al claustro se exhibe también una original muestra de arte religioso, una de las colecciones más completas de Paradores, entre cuyas piezas la directora destaca sendos Cristos del siglo XVII, uno de marfil y otro procedente de la antigua capilla. Una galería expositiva que contrasta con obras de artistas reconocidos del XX en sus 38 habitaciones.

El huésped, cuando llega, no puede imaginarse lo que va a encontrarse. “No se hace idea de que sea tan grande y tan bello. Según vas entrando te vas sorprendiendo, y sorprendiendo, y hay más y más…”, indica la directora. Un monumento accesible no solo para los clientes. Diariamente el Parador organiza a las 10:30 horas visitas guiadas por los salones, la sala capitular, el salón doctoral, los jardines y patios e incluso la habitación única si no está ocupada.  “Tiene un encanto muy, muy especial. Es un trasladarse de época. La huerta tiene un olor embriagador, porque hay mucho boj, muchos arrayanes también, en una parte que es un jardín francés, que es lo que menos conserva del resto, que es muy original con unas plantas autóctonas que tenían los monjes”.

PLAZA BALCONADA

La propia localidad de Chinchón, en cuyo casco histórico está enclavado el Parador, facilita esa sensación de viaje al pasado. Pese a estar situada a tan solo 47 kilómetros de Madrid no ha sido asfixiada por su populoso cinturón. Mantiene su aire rural y su arquitectura popular que, junto a sus ricos exponentes monumentales, le valió su catalogación como Conjunto Histórico-Artístico. Testimonio de ello es su representativa Plaza Mayor, con sus característicos soportales y sus 234 balcones de madera, una de las más bonitas de España.

Entre sus tesoros, Montesi revela que en la iglesia mayor cuelga un cuadro de Goya. El pintor acudía muy a menudo a Chinchón donde su hermano era capellán “y cuentan que incluso tenía una amante, hasta que su hermano ya se enfadó y le dijo que no podía volver”.

Para disfrutar plenamente, recomienda visitar la villa entre semana, cuando los turistas pasan más desapercibidos: “Es un pueblo agrícola. Entonces esto se nota mucho en la vida. Te levantas por la mañana y es un pueblo de los de antes. Lo ves en el trasiego de tractores, en la gente según va al comercio... Y esto tiene muchísimo encanto. Es un reencuentro, por los olores, las chimeneas de leña…”. Garantiza que es como si uno se hubiera ido a 300 kilómetros por la tranquilidad que se respira.  Y a modo de anécdota, reseña que tienen como clientes a muchas parejas jóvenes de Madrid estrenadas como padres en su primera escapada postparto. “Tenemos cantidad de bebés porque es un viaje corto pero que parece muy largo porque es una desconexión total”.

Además, cuenta con un entorno natural con viñedos, olivos y almendros que, según, la directora, en determinadas épocas del año no tiene nada que envidiar a paisajes muy reconocidos de Italia o Francia, en alusión a la Toscana o la Provenza. “Yo cuando paseo y encima al fondo se ve el castillo y el pueblo, por la noche iluminado, es de cuento. Es cautivador y muy romántico”, evoca. Estos paisajes lucen con todo su esplendor especialmente en primavera y otoño, al igual que los propios jardines del Parador, un espacio muy reclamado para bodas, comuniones y todo tipo de celebraciones.

PLATÓ CINEMATOGRÁFICO

No es de extrañar que tanto Chinchón como el propio Parador hayan sido escenario de incontables producciones audiovisuales desde los años 50. Precisamente para Montseni la fama de la localidad surge a raíz del rodaje de algunas de películas de Orson Welles, como Una historia Inmortal o Campanadas a medianoche. El fabuloso mundo del circo supuso su conocimiento mundial como plató natural y acercó a estrellas de Hollywood como Rita Hayworth o John Wayne. “Yo creo que no hay un mes que no se está rodando una película en Chinchón. En el Parador, por ejemplo, se ha rodado mucho de Cuéntame y otras series y películas porque se puede adaptar a muchas épocas”.

EL RECONFORTANTE COCIDO DE TABA

La filosofía conservacionista del Parador ha tenido su reflejo no solo a nivel patrimonial sino también en otros aspectos culturales, como la gastronomía. Un apartado donde Montesi reseña que se recuperó hace dos décadas una receta tradicional de la comarca Vega del Tajuña que estaba completamente perdida: el cocido de Taba. “Es el antiguo cocido, el madrileño con alguna variante sorprendente, porque aparece un cangrejo en la presentación. Es haciendo un guiño al cocido que se hacía aquí, porque en la vega del Tajuña había muchos cangrejos.”, pormenoriza.

Comedor con el cocido de taba

Más allá de aportar sustancia, el crustáceo servía para determinar cuándo estaba el puchero a punto. “El cangrejo es el elemento que, En la última fase de la elaboración del cocido, cuando empezaban a cocer juntos ya la carne con la verdura y los garbanzos, cuando se pone todo junto se añadía ahí el cangrejo, cuando está ya el chup-chup, y entonces decían, cuando el cangrejo ya está rojo es que está el cocido listo para ser servido. Y nosotros lo presentamos así, además

Un reconfortante plato de festejo que es otro de los grandes reclamos del Parador. Se sirve los fines de semana y festivos desde octubre hasta finales de abril exclusivamente en el restaurante El Bodegón, emplazado en el singular marco de la bodega del convento.

La propuesta culinaria del Parador es heredera del recetario tradicional, no faltan los asados de cochinillo y cordero, con un toque de vanguardia, como la Sopa de ajo evolucionada “que está riquísima y es una presentación un poco diferente”, y con una apuesta por el producto local de temporada. “Por ejemplo, siempre estamos deseando ver cuando llega el tomate de Carabaña para disfrutar simplemente de una ensalada de tomate de Carabaña, que es deliciosa”.

 

CLIENTELA REJUVENECIDA

 

A lo largo de su historia, el Parador ha tenido entre sus huéspedes infinidad de personajes ilustres, como Tina Turner, Luis Eduardo Aute, el rey Balduino de Bélgica o Alejandro Amenábar “que ha estado rodando aquí una película de los primeros días tras la Guerra Civil (Mientras dure la guerra) y ha estado aquí alojado”. Y sin bien predomina el cliente nacional, principalmente madrileños y valencianos, dado su emplazamiento junto a la A-3. Además, en línea con el objetivo de “rejuvenecimiento” del público que se ha marcado el presidente de Paradores, Óscar López, Montisi evidencia que ellos ya han notado que se ha rebajado considerablemente la media de edad “y hay mucha más gente de mediana edad y de 30 años”.

Entre losextranjeros, que representan cerca del 40%, destacan los británicos y los franceses. “El inglés admira mucho la cultura española y supongo que es por esto por lo que es el país que más valora la cadena de Paradores. Porque es algo absolutamente único en el mundo”. Y es que para la directora, la opción que ofrece Paradores es una de las formas más exóticas de viajar, “porque muchas veces es trasladarte al pasado”. “Somos increíblemente afortunados de tener la cadena Paradores porque es nuestro adalid protector de la Marca España. Hay tanta globalización que buscamos lo auténtico y cada vez es más difícil encontrarlo. Por eso tenemos la suerte de tener Paradores. Tenemos el mejor embajador que puede desear cualquier país”, sentencia.