Parador de Teruel, un emplazamiento artillero con vistas

La cruenta batalla de Teruel, la más sangrienta de la Guerra Civil, resultó determinante no solo para el devenir de España sino también para la elección, casi dos décadas después, del emplazamiento del Parador de Turismo de la capital turolense. La inusual ubicación de un edificio de nueva construcción en una loma situada a tres kilómetros del casco urbano fue propuesta por un teniente coronel que participó en la contienda y en aquella época era ayudante del entonces gobernador civil. El militar le sugirió como lugar ideal el punto donde tuvo instalada su destructiva artillería durante este encarnizado episodio bélico, que contribuyó a reconquistar la ciudad. Desde allí, además de bombardear con gran precisión, se gozaba de unas “excelentes” vistas de la ciudad.

Esta curiosidad la ha dado a conocer el director del Parador de Teruel, Joaquín Gutiérrez, dentro del espacio que Radio Nacional de España dedica semanalmente a la red estatal de establecimientos hosteleros dentro de su programa Marca España. Una entrevista en la que también reveló, entre otras singularidades, que este proyecto tiene el honor de ser el expediente de obra número 1 del recién creado en el año 1953 Ministerio de Información y Turismo.

Exhibición de bailes regionales en la primera época del Parador de Teruel

El parador turolense fue el protagonista radiofónico con la excusa de una escapada romántica a la Ciudad del Amor, que el tercer fin de semana de febrero celebró las Bodas de Isabel. La ciudad revive ocho siglos después la tragedia de los Amantes de Teruel con una multitudinaria fiesta medieval en la que la ciudad se traslada al siglo XIII y 16.000 personas se visten de época.

El evento, que atrae a 120.000 visitantes, supone un importante atractivo para la oferta del establecimiento. Erigido sobre la arboleda que en su día ocuparon los mortíferos cañones, en la carretera de Sagunto, el parador de turismo fue inaugurado en septiembre de 1956, fruto de los planes de dinamización turística impulsados a principio de los años 50, y como respuesta al importante trabajo de promoción de la ciudad de Teruel.

Palacete de inspiración mudéjar, para su construcción se contó con uno de los más importantes arquitectos de la época, Osuna Fajardo, quién posteriormente se encargó de proyectar la sede del Ministerio de Turismo, en el madrileño paseo del Prado, que en la actualidad es el Ministerio de Defensa.

Edificio principal del Parador de Teruel, con sus características arcos ojivales

Arcos ojivales, cerámicas, mármoles, azulejos y detalles arábicos confieren el sello oriental a un edificio de dos plantas de habitaciones, más la planta baja de servicios comunes. El parador, dispone de 60 habitaciones, un extenso espacio ajardinado, piscina de temporada, dos canchas de tenis y amplios salones para la celebración de todo tipo de eventos.

EL SINGULAR AJOJAMIENTO DE LOS MECÁNICOS-CONDUCTORES

Entre sus singularidades, el complejo conserva detrás del edificio principal un segundo pabellón. Hoy destinado a vivienda del personal, en sus orígenes se concibió para los mecánicos conductores de los clientes. Cuenta en la parte alta con 12 habitaciones y debajo 12 garajes. En el extremo izquierdo se sitúa el taller mecánico provisto de foso para poder revisar los vehículos y acometer los arreglos necesarios, e inclusive un surtidor de gasolina.

Unas instalaciones que son características exclusivamente de los primeros paradores planificados para cubrir una gran ruta, como es el caso del primigenio de Gredos o el de Oropesa. “Las pocas personas que podían disponer en los años 50 de un vehículo normalmente eran coches usados que necesitaban una persona experta que lo condujese porque en cualquier momento se podían averiar”, justifica el director.

Y es que, según evidencia Joaquín Gutiérrez, dado que el parador turolense estaba concebido para hacer escala en la ruta que une Levante con el norte español, tanto País Vasco como Cataluña, durante sus 15 primeros años de vida gozó de un gran éxito. “Fue el más importante de la red y tenía más producción y beneficios que ninguno”, recuerda.

Su director confiesa, con ánimo reivindicativo, que actualmente el déficit de infraestructuras de comunicación que sufre la ciudad -sin autovía ni línea férrea que les unan directamente con Madrid- constituye un importante hándicap. Un obstáculo que tratan de contrarrestar con otros atractivos y todos los demás alicientes que tienen Teruel que mezclan tradición, arquitectura, gastronomía, cultura y arte. “Nuestras comunicaciones no son las óptimas para poder llegar. Cuesta llegar, pero cuando llegas merece la pena. Teruel capital sorprende a todo el mundo. Nadie se queda indiferente después de haberla visitado”, garantiza.

 

Quiero irme al Parador de Teruel