Paraísos naturales, un viaje por los matices cromáticos de la Red de Parques Nacionales de España

Son el corazón de la naturaleza. Espacios protegidos donde se conserva el alma de la vida natural. Hombres, animales y plantas en busca del equilibrio perfecto, de la armonía total. Se extiende la primavera sobre parajes excepcionales, por paisajes únicos, tiñe de mil colores la profundidad del bosque, refleja el solsticio en las aguas cristalinas de lagos y cascadas.

Varios Paradores se emplazan en el entorno de estos espacios naturales singulares ofreciendo al turista una experiencia de ecoturismo única que invita a conocer, explorar, aprender y relajarse en 14 de los 15 Parques Nacionales de nuestro país.

 

gráfico parques nacionales-paradores

 

Timanfaya

 

Nace la vida otra vez aquí. En sus primeros estadios. Cubrió el volcán de lava, arena y lapilli la isla y donde parecía que no quedó nada se abrió paso la vida vegetal. Como al principio de los tiempos. No ocurrió hace tanto, apenas dos siglos. Así surgió un paisaje áspero de una impactante belleza. Mares de lava solidificada, conos y tubos volcánicos, jameos y cráteres. Horizonte mineral desolado teñido de miles de colores, un desierto al que vuelve la vida. Comienzan a cubrirse las rocas volcánicas de líquenes, que sobreviven al calor, la exposición inclemente al sol y la intensa sequía. Doscientas especies únicas protegidas en este inmenso espacio que preparan la llegada de otras especies. Tal como fue. Que no es tierra muerta sino nacida.

 

 Timanfaya

 

Puede dar el viajero un salto a otra de las islas privilegiadas y alojarse en el Parador de Cruz de Tejeda, en mitad de Gran Canaria. Su terraza es un mirador privilegiado para contemplar los magníficos atardeceres de la isla que dejan colores y estampas únicas. La mezcla de influencias y sabores, las infinitas especias, las almendras y frutas tropicales, junto a las carnes y los quesos desparraman un exótico universo gastronómico.

 

Parador de Cruz de Tejeda

 

Reserva en el Parador de Cruz de Tejeda

 

Teide

 

Atraviesan el paisaje árido antiguos ríos de lava a la sombra del gran volcán, la tierra más alta emergida del Atlántico, el tercero más grande del mundo. Sobre una gigantesca caldera se extiende un territorio moldeado en mil caprichosas formas por el magma, erosionado por el viento y el agua. Bajo el cráter, una inmensa planicie, monumento geológico único. No es tierra yerma este desierto de color. Bajo su apariencia despoblada se oculta la vida. Cientos de especies endémicas, únicas en el mundo, un tesoro protegido. Y entre la aridez de sus rocas y la abrasadora sequía de sus calderas crece una delicada flor, una especie frágil capaz de vivir donde las cumbres más enriscadas se funden con el cielo. Por encima de los 2.800 metros nace la violeta del Teide, una explosión de color, el triunfo de la supervivencia. Decenas de senderos atraviesan el espacio que ocupó la lava hirviente y un teleférico lleva hasta La Rambleta, un peldaño por debajo del pico del Teide, desde donde es posible acceder a pie si se solicita permiso, o dormir en su refugio. Parece Marte, pero es la Tierra este espacio Patrimonio de la Humanidad.

 

Parque Nacional del Teide

 

Camuflada en el paisaje, una casona de montaña sirve de refugio al viajero. En el corazón del parque nacional del Teide, el Parador se abre a la impresionante panorámica del cono del volcán, bajo el mar de nubes, con su piscina rodeada de piedras volcánicas, hamacas sobre arena negra y el cielo repleto de estrellas.

 

Parador de Las Cañadas del Teide

 

Reserva en el Parador de Las Cañadas del Teide

 

Caldera de Taburiente

 

Entran las nubes en la caldera y parecen atrapadas para siempre. Sólo llegada la nochese deshacen en bruma. Es la gran depresión de La Caldera de Taburiente, en la isla deLa Palma, un enorme circo con roques erosionados por decenas de arroyos y torrentesque corren indómitos por un paisaje escarpado. Se elevan riscos bravíos por encimadel paisaje abrupto, envueltos por una cubierta vegetal que crece en la escarpada.Asombra el contraste entre el negro volcánico y el verde absoluto, que en las cumbres se convierte en especies en peligro de extinción y en su ascenso en pinares de pino canario que crecen entre los barrancos, con agua corriente y paredes rocosas que forman escarpes verticales de mil metros de altura, rozando un cielo digno de la mejor observación astronómica. Recorren senderos mágicos los bosques salpicados de manantiales y se abren los miradores a alturas y precipicios, a cumbres y riscos fascinantes.

 

Caldera de Taburiente

 

En esta isla reserva de la Biosfera, en medio de la naturaleza intacta se abre al más puro estilo canario el Parador de La Palma, desde el que se divisa a partes iguales los roques y la costa atlántica, tejido con balconadas de madera y un jardín natural que evoca los arroyos del Taburiente.

 

Parador de La Palma

 

Reserva en el Parador de La Palma

 

Garajonay

 

Es vestigio del tiempo anterior al Cuaternario, cuando el cambio climático cambió la faz de la Tierra. Pero en mitad de la isla de La Gomera sobrevive este paisaje único, Patrimonio de la Humanidad. Verde entre verde, verde entre el negro volcánico, vegetal entre agua y bruma. Fantástico espectáculo natural que se teje entre frondosos bosques que llegan hasta las cumbres, cubriendo un relieve abrupto, contrastando tanta riqueza con la aridez de la isla. El agua ha erosionado los dominios de un volcán dormido hace dos millones de años. Y en esa caldera crece una maravilla única, rastro del Terciario, barrancos donde el hombre aprendió a comunicarse con el silbo, un lenguaje de silbidos que atraviesan todos los precipicios.

 

 Garajonay

 

Dominando ese paisaje, el Parador de La Gomera se levanta como recuerdo de la época colombina, con un exuberante jardín y una piscina colgada sobre el océano, en mitad de la isla que vio partir a Colón en busca de nuevos continentes, última tierra antes del Descubrimiento.

 

Parador de La Gomera

 

Reserva en el Parador de La Gomera

 

Aigüestortes i Estany de Sant Maurici

 

Es tierra de agua. En la nieve, en los ríos, en cascadas o en lagos. Por cientos. Ellos y los meandros de alta montaña dan nombre al parque. En este paraje idílico de abrupto relieve se elevan dos cumbres casi gemelas, dos imponentes montañas en un macizo de granito, caliza y pizarra. Cubre la nieve blanca el paisaje, envuelto de bosques de alta montaña, bosques de hoja caduca que se alternan con abetos, pinares de pino silvestre y valiosos pinos negros, que crecen donde el sotobosque se vuelve umbrío, arándanos y rododendros y, donde clarea, enebros, genciana y musgo florido. Pueblan las aguas el tritón, la arboleda los rebecos y armiños, y los cielos el quebrantahuesos, el águila real, el mochuelo boreal y los treparriscos. Y es paraíso acuático.

 

Aigüestortes

 

En lo alto de un cerro, el Parador de Vielha ofrece descanso al viajero, con una gran zona de spa y una terraza-solarium en la que disfrutar del impresionante paisaje del Vall d’Aran que se asoma también en su comedor circular. Un lugar donde despertar todos los sentidos.

 

 Parador de Vielha

 

Reserva en el Parador de Vielha

 

Tablas de Daimiel

 

Es un paraíso único, último ejemplo de un raro ecosistema de tablas fluviales. Donde el Guadiana y el Cigüela se desbordaron se formó una extensa llanura de agua. Un milagro. En él viven 250 especies de aves acuáticas, patos colorados, ánades azulones, garzas, grullas y cigüeñas, nutrias, anfibios y reptiles, artrópodos y peces. La planicie inundada está en peligro. Desecados sus manantiales, sobreexplotada su inmensa riqueza. Pero crecen aún los juncos, que forman extensas praderas, los carrizales y los praderíos de limonio. Y en las riberas, viñas, olivares y regadíos, y un encinar adehesado. Conducen tres senderos al interior de esta maravilla, tres únicos caminos para preservar este prodigio creado por la naturaleza.

 

Tablas de Daimiel

 

Cerca, un antiguo convento del XVI sirve de aposento al Parador de Almagro, que conserva bellísimos patios interiores y galerías llenas de luz en la localidad a la que dio nombre un castillo árabe, el Almagrib, y la arcilla roja con la que los hombres levantaron una pequeña urbe a la que su Corral de Comedias ha dado fama universal.

 

Parador de Almagro

 

Reserva en el Parador de Almagro

 

Picos de Europa

 

Se alza la mole caliza imponente, asombrosamente bella. Tan escarpadas sus montañas, tan formidables sus cumbres, que los marinos oteaban el horizonte en busca de su perfil recortado sobre el cielo, anuncio de que al fin había tierra. Era lo primero que veían del continente, por eso lo bautizaron como ‘Peñas de Europa’. En su corazón se oculta un pasado de glaciares, ríos helados y lagos profundos. Y en la hondura de su paisaje se refugian especies únicas, los últimos osos del extremo occidente, manadas de lobos, corzos y venados, rebecos y urogallos. Entra suavizada la galerna y las humedades cantábricas se hunden en su corazón. Se empapan de todos los verdes posibles sus bosques calados de llovizna y rocío y dejan al descubierto el gris de la caliza o cubren con un suave manto de praderío las terrazas de alta montaña, pastizales mantenidos por los hombres donde se abre el sotobosque y clarean las hayas y los robles, los tilos, fresnos y avellanos, donde los castaños sombrean milenarios, la arboleda se funde con los líquenes y los musgos y crecen los enebros, las genistas y los brezos, ramajes mágicos que sobreviven en las cumbres.

 

Parque Nacional Picos de Europa

 

Rodeado de paredes verticales se levanta en medio de este paisaje el Parador Nacional de Fuente Dé, puerta de entrada a los bosques mágicos, mirador privilegiado que tiene por techo las nubes, balconada tejida de madera, piedra y cristal donde aguardan platos caseros de la cocina tradicional cántabra, como magnífica forma de reponer fuerzas al regreso de las excursiones por la zona.

 

 Parador de Fuente Dé

 

Reserva en el Parador de Fuente Dé

 

Sierra Nevada

 

Es dominio del Mulhacén, pico más alto de la Península. De su cima baja un paisaje prodigioso y se descuelga un extenso macizo de montañas que ni el Mediterráneo, a golpe de vista desde sus cumbres, puede evitar que se cubra de nieve y hielo. Han dejado aquí su huella las últimas glaciaciones del Cuaternario, en el enclave más meridional del continente, donde el hielo ha trazado un paisaje de increíble belleza. Han ocupado las lagunas los viejos circos glaciares y viven en este conjunto natural protegido cinco de los seis pisos bioclimáticos mediterráneos. Encinas, castaños y pinos se suceden a siemprevivas, manzanilla y las violetas de Sierra Nevada, estrella de las nieves, parte de las 2.000 especies vegetales que pueblan el parque, que es territorio de la cabra montés.

 

 Sierra Nevada

 

Espectacular es también el Parador de Granada, el antiguo convento que mandaron construir los Reyes Católicos sobre un palacio nazarí del que se conservan algunos restos. Un lugar mágico donde alojarse, con su alberca a semejanza de los aljibes árabes y su jardín romántico perfumado con el aroma de mil flores, asomado a la mismísima Alhambra, pasado de esplendor.

 

Parador de Granada

 

Reserva en el Parador de Granada

 

Ordesa y Monte Perdido

 

Domina el paisaje el formidable Monte Perdido, la cumbre caliza más alta de Europa, los restos de una tierra convulsa que se rompió y alzó en un gran macizo. Desde allí bajan los valles de Ordesa, vergel natural modelado por las glaciaciones y el deshielo. Ha dado forma el agua a un paisaje mítico, declarado Patrimonio de la Humanidad y salpicado de lagos y cascadas, de cuevas heladas y grutas profundas; cuajado de bosques atlánticos con pinos silvestres, abetos, hayas y pinos negros en las cumbres más altas que se transforman en la vaguada en arboleda mediterránea de encinas y quejigos, bosque mixto que es espectáculo en otoño, cuando el ocre y el rojo se mezclan con el verde oscuro y la hojarasca de mil colores cubre los senderos. En los pastos húmedos crece una delicada orquídea y en la pradera alpina el edelweiss, la flor de las nieves que es símbolo y emblema. Quizá la nieve cubra ya las cumbres más altas incluso antes de que acabe el otoño septentrional y tal vez el quebrantahuesos, el águila real y el buitre leonado planeen sobre las crestas rozando el mismísimo cielo. Hay que guardar silencio aquí, que es territorio de los otros habitantes de la naturaleza. Y compartir el borde de la senda con ardillas y zorros, garduñas, jabalíes y marmotas.

 

Parque Nacional de Ordesa Monte Perdido

 

Al pie del Monte Perdido, dejando atrás las arboledas y las aguas agitadas del Cinca, donde la pradera se precipita desde el monte y el glaciar se hace circo, una terraza de otoño y madera espera al viajero en el Parador de Bielsa, un refugio de montaña con base de piedra y madera con nobles materiales que abre sus ventanas al paisaje único de uno de los macizos más bellos del mundo.

 

Parador de Bielsa

 

Reserva en el Parador de Bielsa

 

Islas Atlánticas

 

Emergen en mitad del océano, barrera protectora del litoral, contención natural del bravío Atlántico. Los montes abruptos y los acantilados que dan al mar se vuelven playas suaves mirando a la costa. Se refugian allí las algas, colchón de vida para miles de especies marinas, moluscos, corales y anémonas. Y aves que anidan al borde del precipicio. Y en el mar, delfines y marisopas. Posee la playa más bella del mundo, enclavada en las Cíes, frío Caribe del Atlántico, y el bosque de laurel más grande del continente. Y sus fondos marinos son prodigio natural.

 

Islas Atlánticas

 

Fortaleza es también el castillo medieval donde se resguarda el Parador de Baiona, al borde del acantilado, cercado por una muralla de tres kilómetros, deslumbrante de día e iluminada de noche, que protege la belleza feudal el hotel. Conserva la impresionante escalinata de piedra cubierta por una cúpula abovedada en un edificio majestuoso tejido de pasajes y patios señoriales en forma de laberinto y una piscina arañada al promontorio en un jardín bañado en verde salpicado de palmeras, traídas por los indianos del otro lado del mundo. Del que arribó a esta costa Pinzón a bordo de una de las tres carabelas, viaje de vuelta del Descubrimiento.

 

Parador de Baiona

 

Reserva en el Parador de Baiona

 

Monfragüe

 

Atraviesa el Tajo las suaves montañas rodeadas de dehesas y se extiende ante la vista una extensa mancha de monte mediterráneo, la mejor conservada del mundo. Lo bautizaron los romanos monsfragorum, el monte denso, tan cerradas son sus laderas de matorral. Conserva inalterable el viejo paisaje de la Península Ibérica, tal como ha sido desde hace milenios, un viaje a un pasado remoto, un lugar donde la naturaleza es agreste, auténtica y hermosa. Es tan rico el Parque Nacional, que en él se alternan roquedos, monte, matorral mediterráneo, riberas y dehesas. Es santuario de cigüeñas negras, alimoches, buitres o la rarísima águila imperial, que ha encontrado aquí refugio, y templo de vida natural para decenas de mamíferos, reptiles, anfibios, peces e invertebrados. Es joya de la naturaleza europea.

 

 Monfragüe

 

Cientos de aves se pueden contemplar desde los balcones del Parador de Trujillo, casi a un paso en un hermoso convento del siglo XVI conservado con su espíritu original, remanso de paz y sosiego en sus dos claustros originales, con arcos y columnas del Renacimiento, en sus habitaciones señoriales o su patio dominado por la piscina.

 

Parador de Trujillo

 

Reserva en el Parador de Trujillo

 

Cabañeros

 

Se levanta en mitad de la Península un magnífico bosque mediterráneo en el que señorea el ciervo y los corzos, un entramado de árboles y arbustos que conviven con extensas rañas, pastos, sierras cubiertas de suave vegetación, bosques de ribera, encinares, alcornocales, quejigos y rebollos, jaras, brezos y madroños, abedules de umbría, turberas y aguas profundas y tranquilas donde crecen los nenúfares amarillos, los sauces y los alisos. Tierra poblada desde antiguo, territorio protegido al que dieron nombre sus pastores y carboneros, que se refugiaban de los fríos inviernos y los calores secos del estío en sus chozas, cónicas cabañas techadas de arbustos, y extraían de la tierra el carbón vegetal con el que alimentar el calor del hogar. Sorprenden al viajero sus mil paisajes, que son refugio de una de las mayores colonias del mundo de buitre negro, del águila imperial y la cigüeña negra.

Dos Paradores ofrecen al viajero aposento próximo a este parque nacional. El de Toledo, con espectaculares vistas a la ciudad imperial, con sus vigas de madera y su inspiración mudéjar en la ciudad de las tres culturas, que antes de ser Patrimonio de la Humanidad lo fue de la convivencia entre judíos, cristianos y musulmanes.

 

Parador de Toledo

 

Reserva en el Parador de Toledo

 

En el Parador de Guadalupe se hospedará el viajero aquí en su Real Monasterio, un conjunto monacal de una belleza única, rodeado de un jardín que es vergel de flores y fuentes.

 

Parador de Guadalupe

 

Reserva en el Parador de Guadalupe

 

Doñana

 

El mar rellenó el antiguo estuario del Guadalquivir y los hombres dieron a este paraíso nombre de mujer. Doña Ana, para quien el duque de Medina- Sidonia construyó un palacete en el corazón de un bosque de hoja perenne, salpicado de arena y agua, que hace playa en el Atlántico y cobijo tierra adentro. Devuelven el mar y las mareas arena a la tierra y sostienen un complejo de dunas que es puente entre la marisma y la playa. La lluvia y los arroyos inundan las llanuras, convertidas en refugio invernal de miles de aves. Salpican el paisaje los cañaverales, los matorrales y el alcornocal, leve bosquemediterráneo al borde del océano.

Territorio antiguo, es lugar de paso, puente entre continentes, descanso entre Europa y África, lugar para la gran migración. A su amparo viven especies en peligro de extinción. En tierra el lince ibérico; en el cielo, el águila imperial; en la Vera, a la sombra de los alcornoques que llaman aquí pajareras, garzas, espátulas y cigüeñas y en las marismas, los flamencos y más de medio millón de aves acuáticas. Miles de alas para esta pequeña arca de Noé.

 

Doñana

 

Frente al océano, en mitad de un profundo bosque de pinos, las hamacas del Parador de Mazagón invitan a la contemplación de un paisaje único, privilegio natural al borde de un pequeño acantilado que desciende hasta la extensa playa por un sendero de tablas de madera y balaustrada. Privilegio ante el mar.

 

Parador de Mazagón

 

Reserva en el Parador de Mazagón

 

Sierra de Guadarrama

 

En el medievo se conoció como la sierra del dragón. Ese la línea divisora entre el Norte y el Sur, entre las dos mesetas. En los altos, el paisaje fue modelado por el hielo, rocas graníticas que conforman un paisaje mítico, pastos de alta montaña y pinares silvestres. Luego se extienden los valles serranos y pequeñas sierras y cerros aislados rodeados de llanuras. Tantos ecosistemas en un espacio relativamente pequeño convierten este parque en un tesoro insólito, escondido entre Madrid y Segovia.

 

Sierra de Guadarrama

 

En el Real Sitio de La Granja se levanta un impresionante parador en un edificio construido por Carlos III para que vivieran dos de sus hijos no herederos, Gabriel y Antonio, de ahí su nombre, la Casa de los Infantes. Un lugar perfecto para descansar y vivir la historia en los escenarios que pisaron los reyes.

 

Parador de La Granja

 

Reserva en el Parador de La Granja 

 

Archipiélago de Cabrera

 

Tierra y mar protegidos. A partes iguales. Apartado de todas las rutas, llegaron hasta él atraídos por su belleza fenicios, cartagineses, bizantinos y romanos. Y los piratas berberiscos hicieron de su puerto fortaleza y botín. Y sin embargo, se ha conservado casi intacto. Quizá porque su valor estratégico lo convirtió en fortín y su aislamiento en cárcel sin necesitar prisión. Dos islas (Cabrera y Conejera) y 17 islotes. Un mar y sus costas. Es colonia de aves marinas, de gaviotas, comoranes y pardelas, de rapaces mediterráneas y bellísimos bosques. Pero es quizá en su fondo marino donde se esconde su mayo riqueza, rebosante de vida, santuario de delfines, calderonas y tortugas.

Las Islas Baleares son por el momento la única comunidad autónoma que no cuenta con establecimiento de Paradores. Turespaña está llevando a cabo la remodelación del castillo de Ibiza para incorporarlo a la cadena hotelera pública.

 

Parque Nacional Cabrera

 

La finalidad de los parques nacionales es asegurar su conservación,
posibilitar su uso público y mejorar el conocimiento científico de sus
valores naturales y culturales, así como fomentar una conciencia
social conservacionista y experiencias únicas en materia de desarrollo
sostenible. Pueden programarse visitas guiadas o actividades
diversas en www.magrama.gob.es/es/red-parques-nacionales.