Paseando con Galdós

Pocos autores han llevado a cabo la ardua empresa de narrar un periodo histórico con tanta brillantez como Galdós. El autor de los Episodios Nacionales, a los que corresponde una manera de novelar absolutamente novedosa, encontró en Madrid el material necesario para modelar una de las obras más originales de la historia de la literatura. Las porterías y las escenas de la alta sociedad conviven en sus libros con mercachifles, truhanes y vividores que transitan por unas calles abarrotadas de escenas pintorescas. Madrid fue sustancia indisoluble en la prosa galdosiana, como lo fue París para Balzac o Londres para Dickens. Este año se conmemora el centenario de la muerte de Benito Pérez Galdós (Las Palmas 1843 - Madrid 1920), una de las mentes más creativas del panorama literario español.

 

Retrato Pérez Galdós. Joaquín Sorolla. Casa - Museo Pérez Galdós (Cabildo de Gran Canaria)

Retrato Pérez Galdós. Joaquín Sorolla. Casa - Museo Pérez Galdós (Cabildo de Gran Canaria).

 

En septiembre de 1862 un estudiante canario de 19 años bajó del tren y se adentró en las vivarachas calles de la gran urbe madrileña. El joven Galdós abrió los ojos ante gentes afables y distendidas que transcendían las rudimentarias vivencias isleñas. Poco amigo de los estudios de Derecho, razón por la que se había trasladado a la capital, descubrió de inmediato cómo la vida cotidiana, el ambiente de los cafés, las vías atiborradas y el bullicio de los teatros regalaba a su palpitante vocación de escritor un material de valor incalculable.   

Sus primeros años en la villa transcurrieron callejeando, empapándose de todos los detalles que afloraban entre las visitas al Ateneo de la calle de La Montera, el trasiego del Teatro Real y la vida en las pensiones del barrio de Lavapiés en las que se hospedaba.

 

Benito Pérez Galdós.

Benito Pérez Galdós.

 

En aquella época, compaginaba las lecturas de Cervantes y los clásicos griegos con autores extranjeros, como Balzac y Dickens, pero también Tolstoi, por quien sentía auténtica admiración.

De la extraordinaria creatividad galdosiana brotan sin cesar generosos recursos literarios que se desparraman en sus textos como un copioso torrente. Su forma de novelar revela un extraordinario dominio lingüístico y la imaginación y el talento que solo se da en los genios. Hay en Galdós evidente sentido de la maestría y claro rescoldo en la narrativa de los escritores que le sucedieron.

El valor de su obra no atiende solo al volumen, también a la magnífica presencia de elementos que han clarificado la manera de narrar. Galdós, el gran observador, supo describir mejor que nadie la atmósfera que envuelve a los personajes: calles, casas, habitáculos, oficios y menesteres… La profusa referencia a calles, plazas y comercios de Madrid seduce a los intérpretes de sus obras, hasta el punto de que el contexto mantiene un aliento omnipresente que en ocasiones desplaza al propio personaje de carne y hueso. La villa y corte fue para el escritor el bálsamo que calmó las heridas que produce toda gran revelación literaria.

 

Paseos con Galdós

 

  • Biblioteca Pública Municipal Benito Pérez Galdós. La Biblioteca Pública Municipal Conde Duque cambia su nombre por el de Biblioteca Pública Municipal Benito Pérez Galdós en honor al centenario. La zona en la que se ubica fue conocida durante un tiempo como “el barrio de los Miaus” por influencia de su novela, “Miau”, escrita en 1888, cuyos personajes hacían vida en las calles del entorno y en otras como la del Pez.

 

  • Su primer hogar. A una pensión en la calle Fuentes, 3, llegó el joven escritor nada más instalarse en Madrid. Se alojó en una habitación del segundo piso, dentro de una casa moderna, isabelina y ventilada. Ante sus ojos se abrió el variopinto paisanaje que poblaría su universo literario. Porteras, politicastros, señoritos, damas, granujas, prostitutas, ricos y pobres se manifiestan ante sus ojos como una revelación.

 

Benito Pérez Galdós.

Dibujo de Benito Pérez Galdós.

 

Café Comercial. El más anciano de los cafés madrileños abrió sus puertas en 1887. Los vetustos espejos han reflejado las acaloradas tertulias que intelectuales y personajes de toda ralea compartían entre cafés y licores. En sus legendarias mesas pasaba las horas el célebre escritor.

 

Café Comercial

Café Comercial.

 

  • Lhardy. Valle Inclán apodó a Galdós “el garbancero” un mote que describe la indisoluble materia compacta que conforman el cocido y la esencia castiza, y por ende, la íntima ligazón entre Galdós y Madrid. Don Benito cita a este restaurante en varias de sus novelas, de quien dice que es “el primero en las artes del comer fino” (Los Ayacuchos).

 

  • Editorial Obras de Pérez Galdós. Desengañado por el proceloso pleito con el editor de sus obras, Galdós abrió su propia editorial en la calle Hortaleza, 104, en el año 1897. Los negocios siempre fueron el talón de Aquiles del escritor. Su política editorial consistió en hacer grandes tiradas y dejar los libros en depósito a las librerías sin plazo de liquidación, confiando sólo en la buena voluntad. Este acto, tan propio de don Benito, le llevó a contraer grandes deudas que alimentaban la voracidad de los prestamistas. La editorial no funcionó y cerró en 1904.

 

  • Plaza Mayor. En una de las casas de la Cava de San Miguel, justo a la espalda de la esbelta Plaza Mayor, vivía Fortunata, la mujer de clase más baja que seduce a Juanito Santa Cruz en la magistral Fortunata y Jacinta.

 

 Plaza Mayor de Madrid.

 Plaza Mayor de Madrid.

 

  • Real Academia. Galdós fue nombrado en 1897 académico de la Real Academia Española. Llegó a ser propuesto al Premio Nobel de Literatura varias veces, pero los sectores más conservadores de la sociedad intrigaron para que nunca se le concediera.

 

Real Academia de la Lengua Española.

 Real Academia de la Lengua Española.

 

  • Congreso de los Diputados. El novelista recaló en la política de manera casi accidental. Su carácter tímido y retraído no encontraba paz en un Congreso donde la exaltación y los discursos a viva voz representaban la vida de la cámara. En 1886, su amistad con Sagasta y el acercamiento al Partido Liberal, le llevaron a convertirse en diputado por Guayama (Puerto Rico).

 

  • Calle Pérez Galdós. El escritor cuenta en Madrid con una bulliciosa calle que comunica dos arterias principales del Madrid galdosiano: Fuencarral y Hortaleza.

 

 Calle Pérez Galdós desde Fuencarral

Calle Pérez Galdós desde Fuencarral.

 

  • Librería Pérez-Galdós. Abierta en 1942 por los herederos del novelista, está situada en la calle Hortaleza, 5. Su interior es un auténtico edén para los bibliófilos, con más de cinco kilómetros de estanterías de madera que recopilan hasta 20.000 obras.

 

  • Estatua en El Retiro. En pleno Parque de El Retiro se encuentra la escultura primeriza del artista Victorio Macho. Fue sufragada por suscripción pública e inaugurada en 1919, con asistencia del propio escritor, ya inválido y ciego.

 

Estatua de Pérez Galdós en el Parque de El Retiro

Estatua de Pérez Galdós en el Parque de El Retiro.

 

  • Su último hogar. El escritor falleció en su vivienda de Hilarión Eslava, número 7, el 4 de enero de 1920. Una placa recuerda el lugar donde estuvo el hotelito, propiedad de uno de sus sobrinos, en el que reposó sus últimos años.

 

  • Tumba de Don Benito. Galdós está enterrado en el Cementerio de la Almudena. Su entierro fue frío, pero multitudinario. Ortega y Gasset denunció públicamente el olvido institucional en una encendida necrológica: “La España oficial, fría, seca y protocolaria, ha estado ausente en la unánime demostración de pena provocada por la muerte de Galdós. La visita del ministro de Instrucción Pública no basta... Son otros los que han faltado... El pueblo, con su fina y certera perspicacia, ha advertido esa ausencia... Sabe que se le ha muerto el más alto y peregrino de sus príncipes”.

 

Cementerio de La Almudena.

Cementerio de La Almudena.

 

Texto: María José Prieto.

Fotos: Editorial MIC /Shutterstock

 

El Misterio Galdós

Juan Pedro Aparicio (*)

 

De Galdós me gusta todo. Quienes le envidiaron en vida le colgaron el epíteto mezquino de “garbancero” con la pretensión de encerrar su obra dentro de un localismo casposo.  Han pasado los años y don Benito sigue siendo, al lado de Cervantes, el novelista más universal de España. No tiene obras menores; en todas, también en las de su juventud, nos ofrece una comprensión intensa y profunda de la vida. A través de sus escritos conocemos no solo la sociedad de la época mejor que en cualquier tratado de sociología o de historia, sino que también nos adentramos en los más sinuosos flujos del alma humana. Quienes tanto lo denostaron, contribuyendo así a lo tardío de su reconocimiento internacional, adolecían de ceguera, una ceguera precisamente artística, pues como creador don Benito se anticipó a los más grandes renovadores, a Kafka o al mismo Joyce, en la utilización de las más osadas técnicas narrativas, las que han servido para revolucionar los límites expresivos de la novelística de nuestro tiempo.

 

Juan Pedro Aparicio.
 

*Juan Pedro Aparicio (León, 1941). Novelista, ensayista y periodista que, entre otros reconocimientos, cuenta con el Premio Nadal en 1988 y el Premio Castilla y León de las Letras a su carrera literaria.