Vive la Historia. Parador de Carmona

Sobre el antiguo alcázar musulmán, Pedro I levantó un espléndido palacio mudéjar que se convirtió en su residencia favorita. El bello alcázar del rey no ha tenido buena fortuna ya que, tras dos terremotos, expolios y nuevas construcciones, desapareció definitivamente a finales del siglo XIX. El parador es un homenaje a su pasado.

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Ficha Técnica
Categoría: 
Edificio de nueva planta en recinto histórico
Fecha: 
1976
Arquitecto: 
José Luis Picardo
BIC: 
Perímetro
EL EDIFICIO

En el ángulo oriental del recinto del antiguo alcázar, se construyó, en 1976, el parador de Carmona de nueva planta pero de estilo hispanomusulmán. Su estilo venía determinado por su pasado que, en forma de yacimiento arqueológico, rodea al parador. Todo el conjunto impresiona por su ubicación y su antigüedad. El recinto amurallado se encuentra en el punto más elevado de la ciudad, sobre la primitiva acrópolis, turdetana y púnica. Sobre esta acrópolis, el rey taifa de Carmona construyó su residencia que fue, a su vez, la base sobre la cual, Pedro I de Castilla construyó un palacio de estilo mudéjar que, según dicen las crónicas, fue su residencia favorita y digno rival del alcázar de Sevilla que también fue obra del rey. Los arqueólogos hablan de un enorme rectángulo de dos recintos, uno dentro del otro separados por muros y barbacanas, excepto en su costado oriental en donde ambos se apoyaban en la muralla que tuvo hasta nueve torres. El palacio disponía de un foso con dos puertas a ambos lados, con un fuerte exterior llamado El Cubete, levantado posteriormente por los Reyes Católicos. El recinto interior fue muy modificado para su uso como parador. Si la Plaza de Armas se aprovechó como aparcamiento, la Casa Real y sus habitaciones constituyen los salones y dormitorios. Devastado en dos terremotos (1504 y 1755), el edificio quedó en un estado ruinoso del que nunca se recuperó. 

Patio del Parador de Carmona
Pedro I el Cruel. Biblioteca Nacional
PEDRO I DE CASTILLA, ¿EL CRUEL O EL JUSTICIERO?

A Pedro I de Castilla le tocó reinar en un tiempo de intrigas, guerras en Europa, crisis económica y odios fratricidas. Su reinado estuvo marcado por la tensión entre la realeza y la poderosa nobleza peninsular, pero también por las distintas facciones que le disputaban el derecho al trono. En lucha constante con sus hermanastros, sus ejecuciones y represalias le valieron ser apodado “El Cruel”, aunque siglos después algunos le vieron como un rey firme que sólo aspiraba a hacer valer sus derechos frente a la rebeldía de su medio hermano. La guerra civil que asoló a Castilla estuvo encabezada por dos hermanos, él y el futuro Enrique II de Trastámara ya que ambos se consideraban legítimos reyes tras la muerte de su padre Alfonso XI. El conflicto tuvo, incluso, una dimensión internacional cuando implicó a aragoneses, franceses e ingleses, siendo la península un escenario más de la Guerra de los Cien años que enfrentaba a Francia e Inglaterra. Finalmente derrotado y asesinado por su hermano Enrique en Montiel en 1369, con su muerte llegó al trono castellano la dinastía Trastámara.

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Vista del Parador de Carmona