Ruta de los Vinos de la Ribera del Duero

Sigue el ensoñador curso del Duero desde Soria hasta Tordesillas y conoce la sorprendente cuna de uno de los vinos españoles más afamados.

Día 1
Salida. Domingo.
Ciudad de poetas, Soria invita a callejear y descubrir los rincones que inspiraron a Bécquer, Machado y Gerardo Diego. De visita obligada son joyas arquitectónicas como la Iglesia de Santo Domingo, la Concatedral de San Pedro, el claustro románico de San Juan de Duero o dos de sus referentes culturales: el bucólico San Polo, antiguo monasterio del Temple, y la ermita de San Saturio, con su relajante paseo de álamos a la orilla del loado río Duero.

Tras coger fuerzas con las barritas energéticas autóctonas -los crujientes e irresistibles torreznos sorianos-, u otras delicias gastronómicas -intenta coincidir en temporada micológica- resulta interesante acercarse al yacimiento celtíbero de Numancia, que pasó a la historia por su férrea defensa ante el asedio romano. En las proximidades merece una parada El Burgo de Osma, puerta de entrada del paseable Cañón del Río Lobos.

Siguiendo el curso del Duero aguas abajo alcanzamos San Esteban de Gormaz, donde comienza la Denominación de Origen que, de este a oeste, abraza cuatro provincias: Soria, Burgos, Segovia, Valladolid. Muy cerca está la villa de Atauta, famosa por poseer el conjunto de bodegas tradicionales mejor conservado de toda la ruta de la Ribera del Duero.

Al igual que San Esteban de Gormaz -que destaca por su románico- otra escala recomendable declarada Conjunto Histórico Artístico es Langa de Duero, que conserva lagares míticos, o. Castillejo de Robledo, con las laderas de su castillo pobladas de lagares y su iglesia parroquial románica del siglo XII.
Día 2
Lunes.
Con estancia reparadora en la villa ducal de Lerma, donde es obligado dar buena cuenta de un lechazo asado regado con tinto, aprovechamos para conocer las tierras ribereñas burgalesas. El monasterio agustino de La Vid, con su esbelta espadaña churrigueresca, recibe al viajero. Conviene visitar el Conjunto Histórico de Peñaranda de Duero, que da la bienvenida con su altivo castillo, convertido en centro de interpretación, y el Palacio de los Zúñiga y Avellaneda y la Colegiata, enmarcados en una de las plazas más genuinas y bellas de Castilla.

Aranda de Duero, Ciudad Europea del Vino 2020, bien merece una parada para contemplar la imponente fachada gótico isabelina de la iglesia de Santa María, recorrer parte del entramado de sus siete kilómetros de bodegas subterráneas y disfrutar de alguna de sus múltiples citas festivo-culturales mientras tomas unos vinos.

En las proximidades destacan Gumiel de Izán, donde se alza Portia: la vanguardista bodega diseñada por Norman Foster para el Grupo Faustino, el conjunto amurallado de Aza, el recuperado conjunto de bodegas tradicionales El Cotarro, en Moradillo de Roa, y Roa de Duero, donde se encuentra la moderna sede del Consejo Regulador DO, y otro buen punto para chatear y visitar algunas de las bodegas de la zona.
Día 3
Martes.
Ya en la Ribera del Duero vallisoletana la principal población es Peñafiel. Su enseña es su castillo de imponente silueta, que acoge el Museo Provincial del Vino, cita obligada para los #winelovers. Pero, además, hay que pasear su barrio judío y llegar hasta la popular Plaza del Coso con los tradicionales balcones de madera y sus monumentales iglesias y conventos. En una pedanía se localiza el yacimiento vacceo de Pintia donde se ha atestiguado que en la zona ya se consumía vino al menos hace 2.500 años.
Flanqueados de viñedos llegamos a hasta Pesquera de Duero, donde nos recibe el Cotarro de San Pedro, un hermoso cerro poblado de bodegas. Y hay que acercarse hasta Valbuena de Duero, en plena “Milla de Oro”, donde se emplaza la mítica Vega Sicilia y otras prestigiosas bodegas, y el deslumbrante monasterio cisterciense de Santa María de Valbuena, sede permanente de la Fundación de las Edades del Hombre.

Dentro de esta ruta se enmarca el espacio natural de las Hoces del Río Riaza, entre los términos municipales de Montejo de la Vega de la Serrezuela, Maderuelo y Valdevacas de Montejo, cuyos farallones rocosos albergan la mayor colonia de buitre leonado de Europa.