Ruta por los castillos y palacios de Castilla

En España son frecuentes las siluetas de los castillos en el paisaje y de los palacios en las ciudades. Impresionantes edificaciones que se han conservado a lo largo de los siglos convirtiéndose, algunos de ellos, en alojamientos muy especiales. Paradores te propone una ruta para conocer tres de los más espectaculares.

Día 1
Salida. Domingo.
Comenzamos la ruta en Sigüenza, Guadalajara, conocida precisamente por su castillo, donde su ubica el Parador. Reyes, cardenales y obispos residieron en esta fortaleza del siglo XII que fue construida sobre una alcazaba árabe y sirvió de residencia a los obispos hasta mediados del siglo XIX. Atravesar su patio empedrado, dormir en las habitaciones con balcones de madera y desayunar en el comedor abovedado te transportarán al pasado medieval del recinto.
Entre los sucesos asociados a su historia se encuentra el encierro de Doña Blanca por orden de su esposo, Pedro I de Castilla. También su función de cuartel para las tropas francesas durante la ocupación napoleónica hasta que Juan Martín el Empecinado les obligó a abandonarlo.
El castillo de Sigüenza es, junto a la catedral que guarda la famosa escultura del Doncel, el monumento más representativo de la ciudad. Pero no son sus únicos atractivos. Junto a la catedral encontramos la Plaza Mayor, con dos lados porticados y casas señoriales con sus arcos y blasones. También se pueden admirar los restos de la muralla y dos de las puertas de entrada a Sigüenza: la Puerta del Sol y el Arco del Portal Mayor. Si te interesa el arte sacro, tienes que visitar el Museo Diocesano de Arte Antiguo. Además, podemos visitar la iglesia románica de San Vicente, el Palacio Episcopal, la iglesia renacentista de Nuestra Señora de los Huertos y el convento de San Francisco.
Sin duda, otro de los atractivos de Sigüenza es su gastronomía. En el Parador podrás degustar platos autóctonos como las migas y torreznos, el cabrito lechar asado al horno, el queso manchego y los famosos borrachitos seguntinos.
Día 2
Lunes.
De Guadalajara ponemos rumbo a Burgos. Recorremos los 192 kilómetros que separan las ciudades de Sigüenza y Lerma y entramos en el Palacio Ducal donde se aloja el Parador. Este palacio fue la envidia de la corte de Felipe III. El duque de Lerma mandó construir un palacio sobre los restos de un castillo medieval y pidió permiso al rey para levantar dos torres, guardándose el dato de que ya existían dos. De esta forma consiguió levantar un palacio con cuatro torres, algo que solo estaba permitido hacerse en los palacios reales.
El Parador de Lerma conserva la arquitectura original del palacio, con sus muros de piedra, sus más de 200 balcones de hierro y el tejado de pizarra. En su interior destaca el impresionante claustro y su patio interior, donde Lope de Vega estrenaba sus obras hace 500 años. Se cuenta que el duque de Lerma mandó construir numerosos pasadizos y pasillos para llegar a los conventos de la villa sin ser visto. Actualmente puede visitarse uno de ellos, el Pasadizo del Duque.
El Parador de Lerma se ubica en la Plaza Mayor de Lerma, una de las más grandes de España con sus casi 7 000 metros cuadrados y uno de los lugares emblemáticos de la villa. Lerma cuenta también con una importante red de conventos y monasterios, destacando la Colegiata de San Pedro. No olvides visitar el Arco de la Cárcel y el Pasadizo Ducal que une el Parador con la Colegiata de San Pedro. Tampoco su gastronomía. En Lerma son tradicionales las migas del pastor o la sopa de ajo castellana, además de los ricos embutidos y carnes. En el Parador podrá degustar la cocina tradicional y probar postres del recetario palaciego como las natillas ribereñas con hojuelas o el queso de burgos con membrillo.
Día 3
Martes.
En nuestra tercera jornada de la ruta nos acercamos a Zamora. Tras recorrer 224 kilómetros, llegamos al Parador de Benavente, situado a medo camino entre las provincias de Zamora y León. Fue levantado sobre las ruinas del lujoso Castillo de la Mota, donde Carlos V celebró su primer consejo de cortes tras ser nombrado emperador. Fue también el escenario donde se celebró la Concordia de Benavente, por la que se hizo efectiva la unión de los reinos de León y Castilla en la figura del rey Fernando III.
El Parador de Benavente conserva la torre original de la construcción primera que guarda en su interior un magnífico artesonado mudéjar. La impresionante Torre del Caracol, nombre por el que se la conoce, tiene planta cuadrada y muros de sillares de piedra. En su interior se conservan dos grandes lienzos contemporáneos que recrean escenas de la corte de Fernando II, y un magnífico artesonado mudéjar.
Benavente se sitúa en el cruce de importantes caminos históricos como la Vía de la Plata y el Camino de Oriente. Destacan en su casco urbano las iglesias de Santa María del Azogue y San Juan del Mercado, el Hospital de la Piedad y su Plaza Mayor. En su entorno se encuentran el Parque Natural de los Arribes del Duero, donde puedes realizar un crucero fluvial por el Duero, y a poca distancia, las ciudades de León y Zamora.
De Benavente no puedes marcharte sin probar la gastronomía zamorana. Es típico el tapeo con amigos, el pescado fresco y los platos de temporada como los guisos de caza y las setas. En el Parador podrás disfrutar de la gastronomía local y de sus postres. Son famosos el rebojo zamorano, los feos, las aceitadas, las bombas o los empiñonados.