Abejas: 20 años prediciendo el cambio climático

Las abejas se mueren. Miles de años regalando esfuerzo y no hemos jugado limpio. En menos de dos décadas, la especie humana ha herido una relación de siglos. El cambio climático, los pesticidas y los parásitos han puesto en peligro su supervivencia. España, espléndida en paisajes y manjares, atesora los últimos reductos de un oficio ancestral: la apicultura.

Para crear conciencia sobre la importancia de los polinizadores, las amenazas a las que se enfrentan y su contribución al desarrollo sostenible, las Naciones Unidas declararon el 20 de mayo como Día Mundial de las Abejas.

 

Abejas

 

La fragilidad del paisaje se hace presente en desaparición de colmenas. La naturaleza tiene su propio ritmo y nada tiene que ver con el pulso frenético que impone el progreso. La escasez de abejas responde a muchos factores y, casi siempre, la mano del hombre está detrás: el abuso de pesticidas intoxica a los insectos que acuden a polinizar unas flores impregnadas de veneno; la voracidad de un parásito llamado varroa, procedente de Asia, absorbe la hemolinfa, lo que viene a ser la sangre de la abeja, hasta matarla; la velutina asiática, ya en toda la Cordillera Cantábrica, se presenta como un voraz depredador que no sólo mata para comer, sino que aniquila una colmena en cuestión de días. Y a estos factores se añade el cambio climático. La intervención humana ha modificado los periodos estacionales. Un efecto letal para una naturaleza que se muestra más vulnerable que nunca. El descontrol de la temperatura engaña el instinto de las abejas. El calor las impulsa fuera de las colmenas y, al no encontrar comida, mueren exhaustas.  

 

Flores endémicas

 

En España, la apicultura hunde sus raíces en una cultura milenaria. Atesora cinco denominaciones de origen (DO). Son mieles reguladas y reconocidas por su prestigio, elaboración y ámbito geográfico, que se producen en Granada, Tenerife, Liébana, La Alcarria y Villuercas-Ibores.

En Tenerife, la naturaleza endémica de la isla ha prodigado una miel de sabor incomparable. La Denominación de Origen ampara mieles monoflorales procedentes de la retama del Teide, el tajinaste, relinchón, barrilla, hinojo o tedera, entre otras especies autóctonas, otorgándole un sabor y cualidades excepcionales.

 

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La comarca de Villuercas-Ibores, amparada por la DO, ha estado vinculada a la apicultura desde 1086, reinando Alfonso VI. La zona se localiza al sureste de Cáceres y regala un paisaje sometido por frondosos bosques de castaño, robles, encinas y alcornoques.

 

La ecuación: abeja y planeta

 

La Alcarria huele a romero, espliego y tomillo. El hermoso paisaje transcurre entre páramos y verdes valles por los que serpentean caminos plagados de hierbas aromáticas. La miel y La Alcarria siempre han mantenido un lazo ancestral. De la laboriosidad de las abejas y su fecundo manto vegetal se obtiene –dicen– la mejor miel del mundo. “Estamos en la tormenta perfecta”, reconoce Félix Esteban, presidente de la DO Miel de La Alcarria. La apicultura se enfrenta a tres crisis: la climática; la económica, por los precios de la agricultura; y la sanitaria, por la muerte de las abejas. “Cuando se juntan, nos sitúan en un punto complicado. Pese a las circunstancias adversas, la Miel de la Alcarria está funcionando bien. Toda la producción, aunque limitada, se está colocando en el mercado”, señala.  "Las abejas son un indicador natural de la salud del planeta. Llevan 20 años avisándonos de un cambio climático que será devastador”, sentencia.

 

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Despoblación del campo

 

Las primeras referencias a la recolecta de miel en los fértiles valles de Liébana datan del siglo XVI, como pago de los diezmos a la iglesia. Rubén Varona es el presidente del Consejo Regulador de la Miel de Liébana, la última en sumarse a la Denominación de Origen en 2016. “Decir Liébana y decir miel es una seña de identidad. Es la esencia de nuestra comarca”, reconoce. “Nuestro principal enemigo es el cambio climático y la velutina”, dice. Además del clima, la apicultura cántabra se enfrenta al problema de la despoblación. “La apicultura no es ajena a la crisis del campo. Es más rentable que la ganadería, pero a la gente no le interesa”.

 

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Endulzar la vida

 

La producción de miel en Granada se remonta a tiempo inmemorial. Los apicultores buscan diferentes floraciones anuales en función de la altitud, trashumando desde las altas cumbres de Sierra Nevada hasta la costa. Antaño la recolección se realizaba en mulos. Hoy, en pequeños camiones que recogen la miel de romero, azahar, castaño, aguacate, cantueso o tomillo. La provincia recoge unas 1200 Tn de miel y envasa cerca de 150 con el sello de la DOP. Son mieles blancas y negras, dulces y amargas o con notas saladas, acabadas con una rica paleta de colores y sabores increíbles. “La DOP sigue creciendo y adaptándose a los complicados retos que llegan. Hay especies invasoras, cambio climático y un mercado complejo, pero mantenemos las ganas de mejorar para seguir ofreciendo un producto saludable que endulce la vida”, señala Francisco José Orantes, secretario general de la DO Miel de Granada.

 

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Volver al pueblo

 

La historia de Juan, ingeniero electrónico, y Marina, agente turístico, es una especie de vuelta a la Arcadia. Lo suyo no era dejarse la piel en los despachos de la capital y decidieron volver al pueblo para convertirse en apicultores. Hoy, abren la ventana de su oficina y contemplan la inmensidad de un valle verde, una tupida alfombra de color esmeralda tejida con miles de flores de atrevidos colores. La miel “Bosques del Torío” sabe a las montañas de Vegacervera, un territorio de la provincia leonesa, Reserva de la Biosfera por su increíble valor paisajístico. “Hemos apostado por una miel ecológica, libre de cualquier producto químico. Reivindicamos ‘lo eco’, porque creemos que el consumidor se merece un producto 100% natural. En nuestra miel, la naturaleza manda”, explican.  En 2017 perdieron el 99% de las abejas. Murieron de sed y hambre a causa de los estragos de la sequía y las heladas. “A pesar de todo, es un trabajo precioso, estás rodeado de paisaje y eso es impagable”, confiesa Marina.

 

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La incipiente primavera

Desde los paradores de Granada, Cáceres, Cantabria y Tenerife puede contemplarse el majestuoso manto púrpura y azulado que visten praderas salpicadas de miles de flores silvestres. La primavera es el momento ideal para conocer la apicultura, una tradición que hunde sus raíces en los vínculos del hombre con la naturaleza.

 

Autor: María José Prieto

Fotos: Shutterstock