Colección artística de Paradores, una sorpresa intramuros

La riqueza y el interés de Paradores no reside únicamente en la monumentalidad de los edificios históricos que acogen una amplia representación de sus establecimientos o en la exclusividad de sus emplazamientos. A lo largo de sus nueve largas décadas de historia ha ido acumulando también un importante y valioso patrimonio en bienes muebles con el que ha decorado sus alojamientos. Un preciado capital material y cultural que ha dado lugar a una interesantísima colección artística que atesora más de 9.000 piezas de las más diversas épocas y estilos de las que pueden disfrutar cada día sus clientes y visitantes.

La responsable de la obra artística, María Gimeno, explicaba en una entrevista concedida al programa Marca España de RNE que, a diferencia de otras colecciones, que han sido creadas a gusto de una única persona o de un grupo que ha elegido un movimiento artístico, una etapa, o, incluso, una temática concreta, ésta es muy singular “porque aquí han intervenido muchas personas”. Una aportación que ha dado lugar a una compilación que, además de por su volumen, se caracteriza principalmente por su gran heterogeneidad.

María Gimeno

ORIGEN DECORATIVO

Sin embargo, no estamos ante una colección que haya nacido premeditadamente, sino que es fruto de un cúmulo de propuestas decorativas mayormente aisladas. “No se hizo con intención de que fuera una colección”, apunta Gimeno, indicando que, con carácter general, “las piezas de los Paradores se van adquiriendo poco a poco, con una intención de ambientar los espacios”.

La primera compra de obra artística registrada data de 1948, dos décadas después del nacimiento de la red, cuando se encargan al pintor paisajista extremeño Adelardo Covarsí cinco cuadros para el Parador de Gredos. Unas obras, que a día de hoy aún se muestran en el lugar para el que fueron concebidos.  “Y eso crea una pauta. A partir de ese momento empiezan a crear esas ambientaciones de los paradores que cualquiera que ha visitado uno se da cuenta de que hay, aunque sean paradores modernos, cuadros, objetos artísticos, tapices…”.

Con el paso del tiempo, entrado el siglo XXI, en Paradores se percataron de que efectivamente habían reunido una auténtica colección artística y que había que promover su puesta en valor y divulgación. Un compendio de piezas muy variadas y dispares que van desde el siglo X, al que corresponde la más antigua, una lápida funeraria árabe que se expone en el Parador de Tortosa, hasta nuestros días, destacando cuadros de Picasso, Cossío o del Equipo Crónica.

Estela funeraria árabe

La colección constituye un auténtico museo articulado en 97 sedes. “Es apasionante”, afirma Gimeno, incidiendo en su disparidad tanto en temáticas como en movimientos artísticos. Y si bien reconoce que habitualmente se identifica a Paradores “con una etapa de edificios históricos y piezas más antiguas, quizás porque también tenemos muchas”, aclara que el grueso corresponde al siglo XX. “Y en ese siglo XX español aparecen representados, no voy a decir todos, porque no sería cierto, pero gran número de los artistas más representativos del arte del siglo XX. Es una delicia ver esta colección”, abunda.

UN LARGO INVENTARIO

Tras décadas custodiándolo, el vasto fondo artístico fue sometido a un largo y minucioso proceso de inventariado, dificultado por su enorme dispersión. Fruto de su investigación y un mayor conocimiento, para sacar a la luz este “tesoro”, en 2015 se hizo una primera exposición pública de una selección de las obras más destacadas en la Sala Azca de la Fundación Mapfre, de Madrid, y se editó un amplio catálogo que ya es todo un referente. Una muestra para la que se decidió estructurar la obra en dos etapas: hasta el siglo XIX, con muchas piezas y muy representativas, y las obras más actuales. “Teníamos que empezar a ordenar la colección para que tenga sentido y en la propia exposición se hizo la división cronológica de las piezas para una lectura un poco lógica”, justifica, dando a entender que esta estratificación ya se ha superado.

De hecho, si bien en un origen a la hora de exhibir las obras en los hoteles se pensaba casi exclusivamente en la ambientación de los espacios, con un carácter más decorativo, ese criterio se está cambiando para poner en valor la colección. “Pensamos que tenemos que darle relevancia.  Y queremos guiar un poco la mirada de nuestros clientes, enseñarles un poco lo que tenemos, porque muchas veces, esas piezas, aunque forman un todo, pasan desapercibidas. Y hoy en día hay más concienciación y la gente aprecia más el valor del patrimonio artístico. Entonces estamos haciendo lo que llamamos la colección de colecciones, porque al final tenemos tantos movimientos, tantos artistas representados que estamos haciendo pequeñas colecciones en los Paradores”, argumenta.

Fruto de esta nueva política Segovia alberga una muestra de Constructivismo, el arte taurino es protagonista en el parador de Ronda, cartones cedidos por la Real Fábrica de Tapices se exhiben en Lleida o el Parador de Aiguablava exhibe una representación de arte catalán. La última colección que han preparado es del artista madrileño Julián Casado, cuya viuda ha donado una obra para el Parador de Cuenca. “Esa es nuestra línea y en la que queremos seguir”, anuncia Gimeno.

La filosofía de Paradores pasa por exhibir todo su fondo artístico, salvo temporalmente las obras que puedan retirarse a sus almacenes con motivo de cierres de establecimientos para su remodelación, como ocurre con León y Aiguablava. “Nuestra idea es tener nuestro activo cultural totalmente expuesto”, asegura. La pauta que han establecido es crear colecciones permanentes “que tengan un vínculo”, rescatando, si es preciso, piezas de otros paradores. Se reagrupan en pequeñas colecciones que ayudan a apreciar las obras desde otra perspectiva. En ocasiones el sentido se encuentra en la trayectoria de un artista, en otras la temática, la técnica o un movimiento artístico es el hilo conductor.

TAPICES DE RUBENS

La colección esconde algunas piezas exquisitas con un gran valor histórico y cultural. En la sección antigua destaca una gran variedad de restos arqueológicos, piezas medievales, pintura cortesana, especialmente representada en Almagro, y sobre todo una amplia selección de mobiliario y artes decorativas. En ella sobresalen especialmente, a juicio de Gimeno, seis tapices de factura flamenca del siglo XVII sobre la vida de Aquiles, cuyos cartones pintó Pedro Pablo Rubens y que cuelgan de las paredes del Parador de Hondarribia. “Son una de las piezas más importantes de la colección. Es una maravilla, porque siendo un textil se ve la mano del artista perfectamente”, aprecia. Una apuesta que evidencia que, aunque es hegemónico, el arte patrio no monopoliza la colección.

Tapiz de Rubens

Si bien, al igual que a una madre le cuesta decantarse por alguno de sus hijos, la responsable del departamento artístico termina por recomendar algunas de las obras más interesantes entre “las muchas por las que tengo debilidad”. Junto al citado Rubens o la predela de Cornelis de Holanda del Parador de Santiago, se inclina por la colección de la Escuela de Madrid y de Vallecas, “que creo que somos la institución que tenemos mayor representación”, dispersa debido a su gran extensión si bien Santiago alberga una amplia representación; la obra La Factoría y Yo, del Equipo Crónica, “súper rompedora y muy pop”; los retratos de Barjola, en el parador de Nerja o los cuadros de Gutiérrez Solana, en Gijón.

La Factoría y yo, del Equipo Crónica

 

SIN POLÍTICA DE ADQUISICIONES

Tras la fiebre adquisidora de los años 50 y 60, de la que es deudora en gran medida el legado artístico, Paradores no cuenta actualmente con una política de compras de obras de arte, máxime tras el periodo de crisis vivido. Como fórmulas alternativas, María Gimeno, plantea que están recurriendo a las cesiones temporales, como los citados casos de la Real Fábrica de Tapices o de Julián Casado, y explorando la vía del 1% Cultural, a través del que se ha incorporado obra para los paradores de Lleida y Veruela, como la original y espectacular colección de tapices contemporáneos que se exhiben temporalmente en el Parador de Lerma.

Aunque en los últimos años se ha podido ahondar en la divulgación de este fondo cultural, su responsable hace hincapié en que su objetivo prioritario es la conservación. Una ardua tarea para la que, dado el hándicap que representa la dispersión de la obra, ha desembocado en la implicación de todo el personal de toda la red con una importante labor de concienciación. “La idea es más conservar que restaurar. Es prioritario, tenemos una manual de buenas prácticas, para que ellos primero conozcan qué piezas artísticas tienen y luego que sepan qué males pueden padecer. Es decir, que vayan detectando: ¡Oye!, este cuadro está craquelado o este textil de repente ha tenido un desgarro…”, explica. Anualmente, con su colaboración, se realiza un informe del estado de la obra artística y en base a él un plan de restauración para su licitación. Para hacerse una idea del volumen de trabajo, solo en el año 2017 se restauraron 270 obras.

Para María Gimeno uno de los encantos de la colección es que, si bien, cuando uno acude a un museo va con una predisposición muy clara de ver algo, en el caso de Paradores es un atractivo con el que topas sorpresivamente. “Es un descubrimiento. De repente llegas a un parador y te lo encuentras. Dices: Estoy aquí comiendo o durmiendo con esta obra enfrente. Creo que es un punto diferencial que tiene Paradores”, resume. Para disfrutarla, solo hace falta ponerse en ruta por España.

La colección artística fue precisamente objeto de análisis y debate en el primer Simposio Internacional “Paradores, Turismo y Cultura. Rumba al centenario,” celebrado en Santiago de Compostela en enero. Un material del que ya está disponible el vídeo resumen.