Parador de Cangas de Onís, el paraíso compartido

“La belleza la tenemos que compartir”. Con esta aseveración, que encierra en gran medida la misión y visión de los Paradores de Turismo, arranca la entrevista concedida por el director del Parador de Cangas de Onís, Ignacio Bosch, al programa Marca España de RNE. Una reflexión lanzada ante las ‘dudas’ planteadas por las conductoras del espacio radiofónico, Ana Rosa Alonso y Lola Plaza, “para no morir de envidia” ante la posibilidad de que les describiera el arrebatador paisaje que se disfruta en un día despejado y radiante desde la ventana del Monasterio de San Pedro Villanueva, donde se ubica, con el azulado río Sella a los pies y los espectaculares Picos de Europa nevados en el horizonte.

Parador de Cangas de Onís

“Es el paraíso, como nos gusta decir aquí en nuestra tierra”, resume. El establecimiento asturiano es una de las joyas de la red hotelera pública. Un exponente único por la dualidad que supone su emplazamiento en un enclave idílico de excepcional belleza y en un edificio “con una historia emocionantísima y muy importante vinculada con el Reino de Asturias en el siglo VIII”. El hotel, inaugurado en 1998, se habilitó en el convento benedictino fundado en el año 746 por Alfonso I, yerno de don Pelayo y tercer monarca astur, sobre el lugar que ocupó el palacio de su antecesor, el rey Favila.

 

El monasterio no es muy grande “porque nunca tuvo más de 8 o 9 monjes”. Es un inmueble precioso, con espectaculares y elegantes estancias de piedra y madera. Declarado monumento nacional en 1907, de su primera época no queda nada puesto que en el siglo XII se reformó en un estilo románico, del que sí se conservan restos en la iglesia, entre ellos un bello capitel de la portada que narra la despedida de Favila de su esposa y el posterior ataque del oso que le quitó la vida. La gran transformación se acometió en el siglo XVII para adaptarlo al gusto de la época, lo que testimonian sus elementos barrocos como el actual claustro o la torre del campanario. “Es un rinconcito precioso, muy delicado y con mucho arte. El lugar rebosa historia y una arquitectura de mucha belleza”, describe.

Parador de Cangas

 

MUSEO ARQUEOLÓGICO PRERROMÁNICO

 

Las obras realizadas para conferirle el nuevo uso hotelero sacaron a la luz interesantes restos arqueológicos de la época prerrománica, a los que se aplicó “la máxima rigurosidad en cuanto a su conservación y a su puesta en valor”. Unos trabajos que supervisó la arqueóloga Otilia Requejo, actual directora general de Patrimonio Cultural del Principado, quien contribuyó a su divulgación a través de la publicación de un libro. “Eran restos del siglo VIII, vinculados a espacios que podían declararse palaciegos y por tanto con todo ese momento de la historia del inicio del origen de Asturias. Y hubo que adecuar de otra manera la estructura hotelera que se había planteado, para museizar esos importantes hallazgos. Y lo que tenemos en este Parador es el lujo de contar con un edificio histórico y un establecimiento hotelero de la cadena Paradores y además un museo arqueológico con todo lo rescatado”, explica.

Museo arqueológico del Parador de Cangas

La capilla de San Miguel es quizás el punto más emblemático, con un pórtico románico que, en Villanueva, “de padres a hijos se ha conocido siempre como la entrada al palacio”. Un espacio que ha sido sala capitular, templo y también probablemente panteón real. La trascendencia histórica y artística del enclave, así como la proximidad de otros escenarios litúrgicos como la Virgen de Covadonga, hace que el Parador sea muy solicitado para celebrar bodas. “Además del atractivo de casarse en un templo románico precioso ubicado en un lugar muy especial estamos a 15 minutos de nuestra santina, el lugar por antonomasia de los asturianos. Y la posibilidad de tener instalaciones hoteleras que permiten albergar a muchos comensales y jardines para organizar eventos muy bonitos hacen que sean un lugar ideal”, justifica el director.

 

ARQUEOLOGÍA GASTRONÓMICA

 

Según cuentan las crónicas, el monasterio primigenio lo mandó construir Alfonso I un 21 de febrero. Para conmemorar tan magno aniversario, el sábado próximo a esa fecha el Parador ha instaurado una atractiva tradición: una cena monacal que se retrotrae a los momentos en que los benedictinos habitaban el cenobio en la que los clientes que lo deseen comparten una mesa corrida en común como comían los frailes según la regla de San Benito.

Para dar más realismo a la recreación, según explica Bosch, el chef del Parador ha estado rescatando con el máximo rigor histórico recetas que se preparaban en los monasterios con las materias primas de la época. Siempre maridados con bebidas que los monjes elaboraban tradicionalmente intramuros como las cervezas artesanales o los vinos de abadía.

Así, el año pasado, se centraron en un capítulo de la novela El nombre de la rosa, de Umberto Eco. Para éste han bebido de fuentes literarias de cenobios asturianos. Un menú a base de patés artesanales de ave “que era -explica- una cocina de aprovechamiento”, un caldito de convento con migas de gocho de San Martín “imprescindible para combatir los fríos que hacía en estos muros”, puerros confitados y ahumados con un escabeche de codorniz, para rematar con un cabritín en su jugo con manzana “muy presente en las cocinas monacales”.

Una abundante propuesta alejada de la austeridad que propugna la regla de San Benito, pero fiel a lo que era la realidad monástica.  “En Paradores nos gusta mucho la gastronomía tradicional, pero sobre todo hacer arqueología gastronómica, e intentar analizar, descubrir, presentar y actualizar. Y hay un estudio arqueológico en Francia sobre benedictinos y demuestra que el 90 y pico por ciento tenían un peso considerable. Se salían un poco de la regla a través de grandes celebraciones y esa es un poco la intención. Porque imagínate que los clientes que vengan les diéramos algo muy austero, pues no se quedarían muy conformes”, relata a modo de anécdota.

En cualquier caso, Bosch evidencia que la oferta gastronómica del Parador, además de por los guiños a la cocina monástica, lleva sello asturiano, caracterizado por la calidad de los productos de la zona y la copiosidad de las raciones. Uno de los grandes reclamos para atraer turistas. “Tenemos esa fama. Comemos abundantemente, eso no se puede negar, y hay que cubrir una expectativa al que viene”, reconoce.

El establecimiento es uno de los paladines de los “Alimentos del Paraíso”, sello que engloba a los productos asturianos protegidos con los marchamos de calidad de Denominación de Origen e Indicación Geográfica Protegida y ofrece un rico y variadísimo abanico incluido en su totalidad en su carta. “La paleta es tremenda porque tenemos la ternera, las rulas (lonjas) con sus pescados y luego la legumbre, poniendo en valor tanto la faba de IGP y en el oriente de Asturias, la verdina, que es sublime”, enumera, poniendo a los oyentes los dientes largos al informar que, si bien estas últimas alubias se suelen cocinar con marisco, han innovado y “nuestro chef las ha empezado a hacer con pichón y es una delicia”.

 

Fabada asturiana

 

UN ORIGINAL Y SURTIDO BAR DE QUESOS

 

Dentro de esta “cruzada” gastronómica el Parador sitúa en un altar muy especial al queso, enarbolando la bandera de que Asturias es la región de Europa con mayor variedad y Cangas su capital. Una apuesta que Bosch sitúa dentro de la misión de Paradores “de apostar por poner en valor, descubrir y ayudar a los productores locales a trasladar su producto”. Una política que, subraya, contribuye a fijar población en el medio rural, un entorno donde están asentados casi el 50% de los Paradores. “En esto insiste mucho nuestro presidente -Óscar López- y es clave en nuestra comarca, donde el despoblamiento es brutal y la población está muy envejecida. Para Paradores es estratégico. ¿Y cómo lo enfocamos? Pues a través de una de nuestras materias primas que en nuestra comarca da trabajo y da mucho valor, que es el queso y el ámbito de las ganaderías que producen la leche con la que se elabora”, argumenta.

Para proporcionar la visibilidad que se merece, han convertido la cafetería del Parador, el espacio de restauración más informal, en un original Bar de Quesos, donde se puede disfrutar casi la mitad de las algo más de 50 variedades que se producen en el Principado, amparadas por cinco D.O. La propuesta se enriquece con elaboraciones del equipo de restauración vinculadas con este producto lácteo “y que -apunta el director- le dan un valor añadido a través de la gastronomía”. Tampoco olvidan la vertiente didáctica y, además de promover visitas a queserías artesanales en puntos como Cabrales, al menos una vez a la semana organizan una cata de quesos asturianos. Unas convocatorias que dirige personalmente un “apasionado” Bosch y que el año pasado congregaron a 1.500 personas.

 

EDÉN NATURAL

 

Pero no solo de “pan” vive el hombre. El Parador se sitúa en un marco natural privilegiado y constituye una alternativa excepcional para establecer el “campamento base” para conocer todo el entorno. Cangas de Onís es la entrada principal al Parque Nacional de los Picos de Europa y sus escarpadas cumbres y es el punto de partida ideal para visitar el Santuario y los lagos de Covadonga. “Es un entorno sublime que nos permite un contacto con la naturaleza tremendo a nivel de fauna, flora y de senderismo”, resume el director, detallando propuestas como la Ruta del Cares, el Desfiladero de los Beyos, la Reserva Natural de Ponga o la Senda Costera “que atraviesa todos los acantilados de Ribadesella, de Llanes y la costa jurásica de Villaviciosa, sublime y con un museo jurásico de los más importantes que hay en el mundo”.

Tanto si se opta por el senderismo como por el cicloturismo “muy en boga tanto por carretera, porque tenemos la etapa mítica de Los Lagos de la Vuelta Ciclista a España, como de montaña”,  el director también saca a relucir dos recomendaciones de rutas jacobeas próximas: El Camino de Santiago Ruta del Norte y otro que se está poniendo en valor que atraviesa desde Santo Toribio de Liébana por los Picos de Europa para ir hasta Covadonga y luego Cangas de Onís para enganchar luego con Oviedo por el Camino Primitivo. “Es precioso y desconocido. En Asturias nos gusta reivindicarlo como importante porque fue el primero que se hizo, desde Oviedo, por Alfonso II, el rey nieto del fundador del monasterio, que acudió a descubrir los restos del Apóstol”, defiende.

Parador de Cangas de Onís

 

Para Bosch “al menos una vez en la vida” hay que visitar la comarca en abril coincidiendo con La Salmonera para disfrutar del apasionante espectáculo del remonte de los salmones. Y rememora que la denominación del primer salmón de la temporada que se pesca en los ríos asturianos, bautizado como campanu, tiene su origen en la campana de San Pedro de Villanueva. “Se llama así por la campana de San Pedro de Villanueva, si bien por ser también justos con nuestros vecinos del occidente de Asturias, el monasterio de Cornellana con el Narcea también tenían la misma tradición. Y es que el río era propiedad de los monjes y hacían sonar la campana cuando el salmón estaba en el río”, evoca.

 

Además de disfrutar de paisajes de postal, desde el Parador también se incide en la sensibilización ambiental, instando a los clientes a que hagan “turismo científico” de la mano de los expertos de la Fundación del Quebrantahuesos, que está intentando reintroducir esa ave que desapareció en Picos de Europa. “Es otro de los pilares que Paradores siempre ha tenido por sus ubicaciones en Parques nacionales y en Parques Naturales”, subraya.

 

Esta sensibilidad especial ha llevado, por ejemplo, a que el Parador de Cangas haya sido, junto con los de Ciudad Rodrigo y Gredos, el primero de la Red en admitir mascotas. Un proyecto con el que Bosch afirma que están encantados ya que su estructura, con un edificio con 8 habitaciones con jardín independiente, permite con circuitos independientes la convivencia perfecta de quien viaja con animales y quien acude sin mascota. “Es un proyecto precioso que ha abierto nuevos clientes a la Red”, asegura.

 

LUGAR DE ENCUENTRO Y DINAMIZACIÓN SOCIOCULTURAL

 

La tranquilidad idílica de la que se disfruta en el Parador contrasta con su intensa actividad sociocultural, fruto de la labor de dinamización que desarrolla en la zona. Un enfoque que le convierte en un lugar de encuentro para los lugareños y sobre el que Ignacio Bosch cree que hay que poner la lupa. “Paradores no solo es un lugar que atrae turistas de todas las partes del mundo, también es un lugar, un espacio público que está abierto al ámbito local para que pasen cosas. Yo antes hablaba del ámbito rural, es difícil atraer cultura, más complicado que en el ámbito urbano, y creo que paradores es un gran dinamizador de eso, y por eso nos parece fundamental que el local, que nuestro vecino, tenga la seguridad y la inquietud de poder acercarse al parador para que pasen cosas interesantes en él”, esgrime.

 

Desde hace cinco años todos los viernes organizan encuentros culturales de distintas disciplinas con ponentes de interés. Los fines de semana programan cine o, en una especie de intrigante juego del Cluedo, invitan a los clientes a hacer de detectives e investigar un misterio histórico acaecido en el monasterio cuyo desenlace desvela el sábado por la noche un monje benedictino acompañándolos por los escenarios donde ocurrió.

 

Y una iniciativa de la que Bosch se muestra especialmente orgulloso es que los miércoles el espacio sirve como aula para un grupo de jubilados de la comarca que se han juntado para recibir clases de Historia del Arte, a las que en ocasiones se suman los clientes como oyentes. “Es muy bonito cuando se vincula el local con el visitante porque se generan sinergias preciosas y da mucho sentido a lo que hacemos en Paradores”, exterioriza.

 

En cualquier caso, para el director, si hay un titular que resume tanto al Parador como a Asturias, en general, es la hospitalidad. “Cuando las personas nos visitan se sienten en casa. Y ese es el gran valor que tiene Asturias y lo que desprende. Sin lugar a dudas sus personas y la manera que agradecidamente acogemos o recibimos a quien nos viene a ver. La belleza natural ya la conocemos, pero conocer a las personas es lo que hace que la gente vuelva y repita Asturias, porque las emociones son las que priman”, sintetiza.

 

 

Quiero irme al Parador de Cangas de Onís