Paradores cántabros, del bullicio turístico a la desconexión

Cantabria infinita, reza acertadamente el eslogan promocional del Gobierno de la comunidad autónoma. Y los paradores cántabros constituyen una inmejorable apuesta para tratar de descubrir toda esa inabarcable riqueza. Así queda patente en la entrevista que el programa “Marca España” de Radio Exterior de España ha realizado a Francisco Seguín, subdirector de tres de los cuatro establecimientos con los que la red de Paradores de Turismo cuenta en este bello territorio uniprovincial septentrional: los dos situados en Santillana del Mar y el emplazado en Limpias.

Bajo su batuta, tal y como destaca, la empresa hotelera pública plantea una oferta de “conceptos muy diferenciados” que va desde el bullicio de Santillana del Mar, uno de los lugares más turísticos de España, hasta la desconexión que posibilita la antigua finca “El Castañal”, de Limpias. Eso sí, con un denominador común en ambos casos: el disfrute de la gastronomía y del paisaje.

Santillana del Mar, conocida como la villa de las tres mentiras, y Santo Domingo de la Calzada son las únicas localidades del país que albergan dos paradores, si bien dada su proximidad -apenas 200 metros- comparten gestión y algunos servicios como es la restauración y el bar. El primigenio es el Parador de Santillana Gil Blas, ubicado en el centro de la villa, con categoría de cuatro estrellas, y justo detrás del Ayuntamiento, el Parador de Santillana del Mar, que cuenta con tres estrellas.

UNA CASONA SOLARIEGA MONTAÑESA

 

Si bien Seguín reconoce que es complicado hacerse una idea solo con palabras e invita a los oyentes a visitarlo “porque es espectacular”, el Gil Blas se instala en la bella e “impresionante” casa solariega de los Barreda-Brancho. Un edificio barroco de piedra de sillería, blasonado que data de los siglos XVII y XVIII. “Es una casona noble que es el típico ejemplo de construcción montañesa. Todos los suelos son de piedra, todas sus paredes de piedra, los techos de vigas de madera vistas…”, describe. Un establecimiento que, una vez traspasado el portón, ofrece al huésped 28 habitaciones y estancias diáfanas y acogedoras, con suelo de madera y cuidada decoración tradicional y elegante donde no podía faltar el mobiliario “de estilo montañés”.

El edificio, declarado BIC con categoría de Conjunto Histórico Artístico, fue adquirido a comienzos del siglo XX por el conde de Güel, un entusiasta de Santillana y de su promoción turística, quien restaura el palacio y lo dota de uso hotelero convirtiéndolo en “parador privado”. En 1946 quedó integrado en la red de Paradores de Turismo.

El parador toma su nombre del personaje literario creado en 1975 por el escritor francés Alaian René Lesage en su novela L’Historie de Gil Blas de Santillane. Un pícaro español nacido pobre y miserable que llegó a ocupar un cargo de importancia en la corte de Felipe IV.  “Aunque ni el pícaro ni el autor habían estado en Santillana nunca, a través de esa obra Santillana consiguió una repercusión bastante importante a nivel internacional. Ayudó a potenciar la villa y a poner Santillana en el mapa y por ello es el nombre que adopta el Parador”, explica el subdirector.

En el año 2000, según explica Francisco Seguín, para ampliar la capacidad del pequeño parador original, la compañía estatal inauguró un segundo establecimiento a apenas 200 metros. Una construcción de nueva planta que, respetuosa con el entorno de la villa, reproduce la arquitectura popular montañesa, dispone de una amplia y agradable terraza ajardinada y ha permitido duplicar la capacidad. “Tiene salones más grandes para la celebración de todo tipo de eventos. Los enlaces quedan fabulosos en ese sitio. Con esta luminosidad que tiene Cantabria y la ubicación que tiene el edificio y cómo le incide el sol en determinados momentos del día, queda espectacular”, subraya.

Declarada Monumento Nacional, Santillana del Mar, toda de piedra, pero rodeada de prados verdes, bien merece ser recorrida con detenimiento. Con sus casonas nobles y de indianos, su colegiata del siglo XII con bello claustro románico y palacios, su casco medieval intacto la convierte en parada obligatoria. Y en una villa con un casco urbano sin coches y de irregulares calles empedradas, con subidas y bajadas, el subdirector de los paradores hace una recomendación básica a todos los clientes, “que utilicen calzado cómodo porque la villa es fantástica, pues es una villa medieval, pero claro, todo de piedra. Todo”.

Dada la excepcional situación de los paradores santillanos, Francisco Seguín enumera que un radio muy reducido se puede disfrutar de un atractivo entorno montañés y marítimo. “Es un auténtico privilegio en cuanto a localización y recursos”, afirma. Durante la época veraniega propone acercarse a cualquiera de las numerosas playas próximas, visitar las localidades de Comillas o San Vicente de la Barquera.  Para planes con niños, a solo dos kilómetros está el zoológico de Santillana del Mar y, un poco más alejado, el Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Dentro del propio término municipal es de visita obligada la cueva de Altamira, famosa mundialmente por sus pinturas rupestres, que cuenta con un completo museo y centro de interpretación. A 40 kilómetros se sitúan también las cuevas de El Soplao, con espectaculares formaciones cársticas. 

TEMPLO DEL COCIDO MONTAÑÉS

 

Con tanto paseo entra el hambre y toca reponer fuerzas. El restaurante del Parador Santillana Gil Blas es un claro exponente de la gastronomía cántabra “que -asegura el subdirector- tiene una riqueza brutal y es una de las cocinas con mayor personalidad de España”. Y es que la proximidad del mar y de la montaña garantizan el suministro de un variado y rico abanico de productos alimentarios de altísima calidad. Una cocina que recoge recetas tradicionales “como no puede ser de otra forma, en la línea que marca la compañía, con los mejores productos locales”.

Cocido montañés

Dentro de la carta, que varía en función de la estación y del producto de temporada, no falta a lo largo de todo el año como plato emblemático el cocido montañés. Una receta de uno de los platos más representativos de la cocina de la comunidad autónoma que, sostiene, “la del parador es una de las mejores de la zona y quien va al parador no se va sin probarlo”. Un guiso a base de alubias blancas, berza y su compango porcino que, pese a que inicialmente pueda parecer pesado, Seguín garantiza que es “potente pero digestivo”. “Os diría que mucha gente lo cena y duerme fantásticamente en esas habitaciones maravillosas”, subraya.

La oferta se completa con las excelentes carnes de vacuno de los valles pasiegos y la rica variedad de quesos artesanales, como los de Tresviso o Cóbreces, pescados y calderetas o dulces tradicionales como los sobaos, las quesadas o la Tarta Santa Juliana.

UN PALACIO EN MITAD DE UN BOSQUE CENTENARIO PRIVADO

 

A 70 kilómetros hacia el este, en Limpias, se encuentra el otro parador que representa Francisco Seguín, más próximo a la costa cantábrica. El establecimiento se habilitó en 2004 en el Palacio de Eguilior, un edificio del siglo XX, sede veraniega del Consejo de Alfonso XIII, ubicado en la antigua finca “El Castañal”. Una vasta parcela que cuenta con un bosque con un arbolado autóctono de gran valor ecológico. “La casa-palacio se emplaza en una finca de 50.000 metros cuadrados de bosque y el parador son unos 9.000. Fijaos la inmensidad de la finca, que es boscosa, con árboles centenarios como castaños, robles, avellanos… incluso con algunos ejemplares que están catalogados como Patrimonio de la Humanidad”, reseña el subdirector.

El espacio invita al descanso y al paseo por sus cuidados jardines. El Parador consta de dos inmuebles conectados entre sí, el propio palacio y un nuevo y moderno edificio de estilo montañés.  Al margen de sus 65 confortables habitaciones, ofrece una piscina de temporada y otra climatizada, pista de tenis y de pádel, una completísima sala infantil de juegos y tv y amplios y luminosos salones, ideales para celebraciones. “Es un lugar ideal para aquellos clientes que buscan la tranquilidad, esa desconexión, alejarse del ruido”, abunda.

Respecto a su propuesta culinaria, también está basada en las recetas emblemáticas de la zona, pero con un toque vanguardista y presentaciones muy personales e innovadoras. Seguín pone el acento en que se asemeja a la del parador santillano, si bien en este caso cobran más presencia los mariscos y pescados, con el protagonismo indiscutible de las preciadas anchoas “que no hay palabras para describirlas”. Platos como las almejas de Pedreña en sala verde, rondón de arroz con bogavante o trancha de rodaballo a la parrilla con ajada de tomate y gambas.

Para el subdirector, Limpias es un punto ideal para visitar pueblos como Laredo, a solo cinco minutos, donde está La Salvé, una de las playas más extensas y hermosas de la región con su inmenso arenal de cinco kilómetros; Santoña, que ostenta el título de cuna de las anchoas en aceite de oliva y cuenta también con la cercana playa de Berria, de dos kilómetros de longitud y acceso para minusválidos, y el Parque Natural de las Marismas; o disfrutar de las cuevas de Covalanas o de Cullalvera.

Muy bien comunicada con Santander y Bilbao, equidistantes a poco más de 30 kilómetros, esta ubicación hace precisamente que más de un 40% de los clientes de estos paradores sean extranjeros, especialmente británicos que precisamente acceden a nuestro país a través de ambos puertos cantábricos. En cuanto al perfil, Limpias se diferencia en que acoge mayoritariamente turismo familiar.  Entre los huéspedes más ilustres, en el caso de Gil Blas, el subdirector recuerda que en 1970 estuvo alojado el ex primer ministro de Francia Charles De Gaulle “y no tan lejanamente, en 2012, hemos tenido diferentes jefes de Estado”.

En el caso de los paradores santillanos la clientela valora especialmente la ubicación, las instalaciones y el servicio. En Limpias lo que más puntúan es la tranquilidad y la atención y el servicio “que es marca de la casa”. Y si bien reconoce que las previsiones meteorológicas condicionan a la hora de viajar al Norte, Seguín garantiza que Cantabria es visitable durante el año. “Me cuentan los viejos del lugar que los inviernos en Cantabria ya no son como antes. Prueba de ello la hemos tenido este año. Con lo cual oferta hay, clima hay y, dependiendo de lo que busque el cliente en cada momento, es de obligada visita”, remata.

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