El oro blanco de los romanos

La Montaña de Sal de Cardona es un fenómeno natural único en el mundo. Tiene cuatro millones de años, 46 metros de altura y más de dos kilómetros de profundidad. Catalogada como Bien de Interés Cultural y declarada Patrimonio de la Humanidad, sigue creciendo al compás de la lluvia que la erosiona.

 

 Montaña de Sal de Cardona

 

Inefable es aquello que no puede describirse con palabras. Ese término moderno no pudo usarlo el cónsul romano Marco Catón, cuando tras contemplar el afloramiento que brotaba de la roca, dijo asombrado “una gran montaña de sal pura que crece a medida que se va extrayendo”, pero seguro que pensó algo similar. Sin saberlo, Catón, en el siglo II d.C, había descrito un fenómeno geológico único en el mundo, la Montaña de Sal de Cardona.

Hace millones de años esta región se encontraba bajo las aguas saladas del océano y cuando se retiró se formó un mar que fue secándose hasta originar el actual Valle Salino de Cardona. La función de conservante de la sal es conocida desde tiempos inmemoriales (los celtas ya la utilizaban) pero fue adquiriendo tanta importancia que los romanos la tildaron de “oro blanco”. No en vano, los servicios de los soldados se pagaban con sal, de ahí el origen de la palabra salario.

 

Montaña de Sal de Cardona

 

Durante la Edad Media, Cardona se convirtió en el centro de producción salino más importante de la Península Ibérica, partiendo del puerto de Barcelona hacia toda Europa. Hoy recibe el nombre de Parque Cultural de la Montaña de Sal, tras la creación de un centro que pretende divulgar la importancia mineral, la excepcionalidad geológica del yacimiento y su aprovechamiento humano durante siglos.

 

  • La Montaña de Sal que vemos en la actualidad es sólo la punta del iceberg del enorme depósito de sales que se encuentran en la zona, y que llega a más de mil metros bajo el nivel del suelo.

 Montaña de Sal de Cardona

 

El Parque brinda una experiencia singular desde el momento en el que uno se coloca el casco minero. Un recorrido guiado discurre a 86 metros de profundidad por el interior de las galerías, que desvela espectaculares pliegues y vetas de fascinantes colores y formas, así como oquedades de gran belleza como la sala Coral –plagada de estalactitas y estalagmitas de sal- o la Capilla Sixtina, una deslumbrante bóveda de tonalidades ocres y rojizas.

 

  • El interior y exterior de la Montaña de Sal son unos espacios idóneos para celebrar actos singulares. Su interior ha sido protagonista de cenas, recitales y acontecimientos musicales en directo. Además de las visitas guiadas, se realizan visitas teatralizadas especialmente divertidas para los pequeños de la casa.

     

Un viaje a la Edad Media

 

Tras la Montaña de Sal, el casco antiguo de Cardona espera el visitante. Sus angostas callejas, vetustos soportales y casas nobiliarias son una demostración de la riqueza que la explotación salina reportó a la ciudad, forjada en la primera mitad del siglo XI, y un auténtico viaje a la Edad Media. La villa es vigilada desde lo alto por el castillo que fue la residencia oficial de los Señores de Cardona entre los siglos XI y XV, hoy Parador de Turismo. Desde esta fortaleza controlaban el Valle Salino, base de su riqueza y de su sobrenombre, “los ricos señores de la sal”.

 

Parador de Cardona

 

Esta imponente y majestuosa fortaleza, por la que parece no haber transcurrido el tiempo pese a contar con más de 11 siglos a sus espaldas, alberga hoy en día el Parador de Cardona. El recinto, completamente fortificado, permite la visita de la Torre Minyona y una bonita iglesia, ambas del siglo XI, así como la colegiata de Sant Vicenç, joya del románico catalán.

La cuidada decoración hace que el castillo conserve todo su encanto y que los fosos, torres, murallas y elementos góticos se aprecien en todo su esplendor medieval.

 

Parador de Cardona

 

La guinda espera al visitante en el interior de la fortaleza. Unánime es la opinión de que no hay rincón más especial que el mirador tras el ábside de la colegiata.  Allí, con el ocaso tiñendo de ocres y dorados Cardona, la panorámica del pueblo y de las tierras bañadas por el río Cardener es un auténtico regalo para los sentidos.

 

Parador de Cardona

 

LA TORRE MINYONA

 

El castillo tiene una original torre del homenaje cilíndrica de más de diez metros de altura. Aunque era mucho más alta, fue rebajada en el siglo XVIII para que no hiciera del castillo un blanco fácil para la artillería en sus innumerables asedios. Su nombre y su leyenda (minyona, doncella) recuerdan a una hija de los señores del castillo quien, en el siglo XI y enamorada de un joven caudillo musulmán, fue encerrada allí para que no pudiera reunirse con él.

 

Parador de Cardona

 

EL REFECTORIO DE LOS MONJES

 

El restaurante del parador es uno de los más impresionantes de toda la Red. Sus arcos apuntados sostienen la cubierta de un espacio extenso, de más de cuarenta metros de profundidad, que surge de la unión entre antiguas dependencias palaciegas y el refectorio de los clérigos de Sant Vicenç. Los religiosos accedían a él mediante una puerta que comunica con el claustro. Las placas de yeso situadas entre las vigas se hallan decoradas con un escudo ilustrado con los cardos de Cardona, semejantes a los hallados durante las obras de restauración.

 

Restaurante Parador de Cardona

 

Texto: Gerard Olivares

Fotos: Paradores de Turismo de España / Shutterstock