María Oruña: “Cuando voy a Santo Estevo siento que hay una historia contada en cada esquina”

María Oruña

Escritora

 

María Oruña

 

Una emocionante historia de intriga en una Galicia mágica. Y mucho más que eso. El Bosque de los Cuatro Vientos es la última novela de María Oruña que nos traslada al mítico pasado del Monasterio de Santo Estevo, actual Parador, y a su Leyenda de los Nueve Anillos. (*)

Después de su serie de novelas de Puerto Escondido, ambientadas en Cantabria, ¿el cuerpo le pedía volver a Galicia, volver a casa?

La verdad que sí. La historia llevaba dormida durante mucho tiempo. Sabía que quería contar la Leyenda de los Nueve Anillos de Santo Estevo. Lo que no sabía era lo que me iba a encontrar ni cómo lo contaría. Sí tenía claro que ahora le tocaba a Galicia, aunque esto no obedece a nada programado, sino a pálpitos, a momentos. ¡Y aquí estamos!

 

¿Cómo llegó a conocer la leyenda de los anillos de Santo Estevo?

Primero conocí el monasterio en ruinas, en 1996, y ya me encantó el Claustro de los Obispos. Después, volví cuando estaban haciéndolo Parador y escuché a un guía, casi de casualidad, contar la Leyenda de los Nueve Anillos. Me fascinaba cómo nadie sabía dónde estaban esos nueve anillos y tampoco los buscaban. ¿Qué pasó con esas reliquias veneradas por peregrinos de todas partes? Me puse a investigar por mi cuenta, como un hobby al principio. Después indagué de una manera más seria para saber si aquello era un mito o había una verdad detrás.

 

¿Se quedó con ganas de continuar siguiéndole la pista a los anillos?

Llegué a todo lo que podía llegar y me quedé satisfecha. Fue una investigación muy emocionante porque descubrí, por ejemplo, que aún existían los cuadros que representaban a esos obispos. ¡En el propio Archivo del Obispado pensaban que era una leyenda! ¿Si esto no era verdad por qué alguien se molestó en enmarcar esas nueve mitras en piedra en tantos escudos o en el altar mayor? Llegué a puntos de investigación que jamás pensé alcanzar porque… no había documentos. Lo que se guardaba en el Monasterio se destruyó en incendios o desapareció con la Desamortización de 1835. Tiraba de lo que encontraba en otros archivos.

 

¿De qué manera se preparó para El Bosque de los Cuatro Vientos? Intuimos que se divirtió documentándose para esta novela.

Para mi la documentación es una de las partes más disfrutonas cuando preparo una novela, porque no sé lo que voy a encontrar. Está la inquietud, también, de pensar que no vas a encontrar nada. Podía darse el caso. Tuve la suerte de ir tirando del hilo. Pedí permisos al Obispado y me dieron tanta documentación en el Archivo, que llené el maletero del coche. Según llevaba a cabo esta investigación, surgían ante mí los personajes de la novela.

 

Son dos historias, la de Marina y la de Jon, con un motor común. A una le oprime el papel que le da la sociedad del XIX y el otro se enfrasca en la búsqueda de estas reliquias legendarias. La pasión como impulso…

Se dejan mover por la piel, no por las normas. Marina lo tiene más complicado porque hay cosas que ella no puede hacer como mujer y lo asume. A pesar de ello, no de forma deliberada, se libera de las normas abriendo el camino a que otras personas puedan ser heroínas. De Jon destacaría esa curiosidad por conocer la memoria que portan los objetos. Este deseo le lleva a investigar la Leyenda de los Nueve Anillos.

 

María Oruña

 

El antiguo monasterio, actual Parador, sobrepasa su papel de escenario y parece un personaje más… ¿Qué sensaciones le transmite el edificio?

El monasterio, como Parador, ha sido restaurado de una forma magnífica. Se conserva el aliento vetusto de este lugar respetando su historia. Cuando voy a Santo Estevo, siento que hay una historia contada en cada esquina que, a lo mejor, no tengo herramientas para leer. Los monjes querían crear un paraíso en la tierra, porque iban a vivir intramuros. Si al viajero que llega al Parador no se le explica esto, solo se queda con la belleza del lugar. Lo bueno es que quienes se alojen sean viajeros en el tiempo y perciban lo que ya no existe allí. Que vayan más allá de la historia.

 

Precisamente, como viajera en el tiempo… ¿hay algún rincón del Parador que le sorprendiera especialmente?

Me sorprendió muchísimo, porque tardé tiempo en encontrarlo, el bosque privado del monasterio. Había buscado las ruinas de la vieja panadería y mapeado todo el edificio. De casualidad, vi un muro defensivo y pregunté en el Parador. Me dijeron que era la finca privada del Parador. Es un bosque cerrado que no constaba en ningún archivo. Otro lugar es el antiguo huerto monacal en el que, sin saber por qué, tuve el pálpito de escribir una escena que se desarrollara allí. O la Colina de los Cuatro Vientos, cuyo simbolismo dio nombre a la novela.

María Oruña

 

La novela es también una reivindicación de este patrimonio histórico a caballo de la leyenda. ¿Por qué no le prestamos atención a nuestro pasado?

Estamos en otras cosas. Todo se nos da de manera inmediata y masticado. No nos molestamos en buscar el motivo de las cosas. A pesar de que sea una novela de historia y de intriga, en El Bosque de los Cuatro Vientos, también reclamo atención a un patrimonio material, para que así perviva el inmaterial. Las historias nos unen como comunidad y nos reúnen alrededor del fuego. Nos dan algo en común, una patria. Aunque las instituciones tienen muchas prioridades, deben molestarse en que algunas cosas perduren. Me puse muy contenta cuando se puso el Parador en Santo Estevo, es una manera de hacer pervivir la historia.

 

anillos Santo Estevo

 

(*) La entrevista con María Oruña se realizó nada más presentar la novela, en agosto del año pasado, y se publicó en el número 28 de la Revista Paradores, Otoño 2020. En noviembre de ese mismo año la Leyenda de los Nueve Anillos se hacía realidad al aparecer, durante los trabajos de restauración del relicario del monasterio, cuatro de esas nueve joyas episcopales consideradas "milagrosas".

Texto: Luis Tejedor

Fotos: Editorial Destino