Parador de Jarandilla de la Vera, morada imperial en medio de un vergel

 

Además de la acepción bíblica de paraíso terrenal como el lugar donde vivieron el primer hombre y la primera mujer después de la creación, el diccionario de la RAE define más mundanamente edén como un lugar muy agradable en el que se está a gusto y se es feliz. Esa debió de ser la percepción que tuvo de Jarandilla de la Vera el emperador Carlos V cuando, agotado y enfermo, tras abdicar, eligió esta pequeña localidad extremeña para su retiro hasta que pudo instalarse definitivamente en el vecino Monasterio de Yuste, donde moriría en septiembre de 1558.

 

El monarca es el huésped más ilustre del castillo de los Condes de Oropesa, convertido en Parador de Turismo en 1966 y protagonista de una nueva entrega del programa “Marca España” de Radio Exterior de España de mano de su directora, Natalia Martínez. Una fortificación que emerge en medio de una comarca bendecida por la naturaleza y a la que su proximidad a las montañas confiere un microclima especial que la ha convertido en un auténtico vergel en permanente eclosión.

Exterior del Parador de Jarandilla

El parador de Carlos V

Natalia Martínez destaca que la estancia imperial, que se prolongó durante tres meses, ha dejado huellas en el edificio. Uno de los salones luce tres retratos, copias originales de Tiziano de los que se encuentran en el Museo del Prado, que muestran a la pareja real, el emperador y su esposa, la emperatriz Isabel y una de sus hijas, María de Austria.  Además, algunas piezas heráldicas también le recuerdan. En concreto, dos escudos imperiales. Uno, de gran tamaño, a la entrada del parador, y el otro, uno de los trasfondos de la chimenea. “Tenemos la chimenea en uno de los salones, que la tenemos gracias a él ya que llegó en noviembre. Esto era como una mansión medieval y debía hacer bastante frío en aquella época”, explica la directora.

La fortaleza data del siglo XV. Si bien fue prácticamente destruida durante la Guerra de la Independencia, tras varias reformas fue adaptada para su actual uso hotelero hace poco más de medio siglo. Natalia Martínez evidencia que la edificación no se corresponde con los castillos medievales al uso que se erigían en elevadas cimas, sino que constituye un ejemplo de transición del modelo de castillo al de palacio. “La construcción se aparta del tipo belicoso, ya que en la época se iniciaba el paso de las edificaciones militares a las mansiones señoriales. Entonces tiene características de ambas”, aclara.

Singular patio de armas

El castillo-palacio tiene planta rectangular, precedida por cuatro torres circulares, en cuyo recinto interior destacan sus dos macizas torres cuadradas. Se articula en torno al patio de armas, en cuyo centro emerge un aljibe con fuente, presidido por cuatro inmensas palmeras. La foto más característica del parador “y que es lo que más sorprende al visitante”. De la estructura original se conserva una emblemática balconada de influencia gótica con amplios ventanales de piedra de dos pisos con arcos. Un área que alberga las 15 habitaciones superiores, de las 52 de que dispone el establecimiento, y los salones. Las alas laterales son posteriores y fueron adosadas a los muros de cierre. Asimismo, aún es visible parte del foso y de la muralla de la entrada principal, ya que se accedía a través de un puente levadizo.

Patio de armas Parador de Jarandilla

El parador recrea la atmósfera de la época, especialmente a través de una mimada decoración. Y en su interior se respira un ambiente de tranquilidad e intimidad idóneo para una estancia muy especial...  “Intentamos que el cliente se empape un poco de la historia y mantenemos un poco la esencia de castillo”, relata la directora. Del exterior del hotel sorprenden los torreones, el citado patio de armas y su excelente piscina de temporada, emplazada en el antiguo huerto de estilo francés con olivos centenarios y naranjos que sobrevuelan las cigüeñas. Un espacio mágico que acoge cenas al aire libre durante el verano y veladas musicales.

Habitación Parador de Jarandilla

Una “ambientación” a la que contribuye también de manera determinante precisamente la gastronomía, con una firme apuesta por la cocina tradicional. “Paradores siempre se diferencia porque intentamos mantener las recetas antiguas que hacían nuestras abuelas y que el visitante se empape de la cultura de la zona. Utilizamos materia prima que no conlleve un proceso de elaboración muy grande. Y aquí, como hay mucha diversidad natural, esto es un vergel, se dan todo tipo de árboles frutales, aquí todo crece”, justifica.

El toque del pimentón

Así, en su carta se pueden encontrar platos como la sopa de tomate, migas extremeñas, cuchifrito de cochinillo, caldereta de cabrito, repápalos (postre típico tipo torrija) de anisete y canela, quesos de cabra, guiso de carillas con bacalao y espinacas, paletilla de cabrito macerada con finas hierbas del monte, migas extremeñas o las populares patatas revolconas. Todo ello con el toque especial que aporta un condimento tan apreciado y exclusivo como el pimentón ahumado de La Vera “que utilizamos mayoritariamente en todos nuestros platos”.

 Patatas revolconas

Jarandilla es, a juicio de Natalia Martínez, un pueblo con encanto que merece la pena conocer “si bien no es de los pueblos que mejor se conserven de la época”. De su arquitectura civil destacan la casa de Don Luis de Quijada y diversos puentes medievales. Y entre los edificios religiosos, el convento de San Francisco o la iglesia de Nuestra Señora de la Torre. Una de las fechas recomendables para visitarlo es el 7 de diciembre, cuando tiene lugar la fiesta de Los Escobazos. El momento cumbre de la celebración es la salida del estandarte de la Virgen, portado por un jinete acompañado de numerosas caballerías y del pueblo entero que sale a la calle con escobas encendidas.

45 gargantas naturales

Además, en los alrededores pueden visitarse hasta cinco bellísimas localidades declaradas Conjunto Histórico Artísticos: Pasarón de la Vega, Garganta de la Olla, Cuacos de Yuste -donde se ubica el Monasterio de Yuste-, Villanueva de la Vera y Valverde de la Vera, esta última conocida especialmente por los Empalaos de Semana Santa. Un entorno en el que la directora del parador subraya que se puede recorrer hasta 46 gargantas naturales y bañarse en época estival en alguna de sus numerosas piscinas naturales.

Para los amantes del senderismo, recomienda la Ruta del Emperador, que recorre el itinerario que realizó Carlos V desde Jarandilla hasta Cuacos de Yuste. Una propuesta que despierta un gran interés.  “Aquí en febrero, que es cuando comenzó el viaje, vienen visitantes de todas las zonas, incluso de Laredo, que es donde desembarcó el emperador, y tenemos muchísima afluencia de gente. Todo lo que rodea al emperador gusta mucho y hace que incluso el visitante extranjero nos venga a ver”, señala ilusionada.

Comunicaciones deficientes

Con un perfil mayoritario de clientes nacionales, la cercanía con Madrid, situada a poco más de dos horas, hace que la capital sea el principal emisor de sus huéspedes. Entre los extranjeros predominan alemanes, británicos, franceses y holandeses, sin que el destino haya suscitado aún una atención especial entre el cliente asiático. Un público al que quiere captar Natalia Martínez, si bien confiesa que las deficientes comunicaciones dificultan la consecución de esta meta.  “Nos falta que lleguen aquí más chinos y japoneses. Y estoy ahí dándole vueltas a ver cómo podemos atraer a este público. El tema es las carreteras, el transporte es lo que más nos cuesta. Y bueno, estamos ahí a ver si se va evolucionando y nos puede llegar el AVE en poco tiempo”, se lamenta.

Salón imperial del Parador de Jarandilla

Atraídos por los encantos del parador y pese a que la directora echa mano del “secreto profesional” para mantener la confidencialidad, en su libro de oro figuran personajes de gran relevancia del ámbito político y social. Unos huéspedes ilustres entre los que termina por confesar nombres de la talla de Felipe González, Helmut Kohl, Mijaíl Gorbachov, Jorge Sampaio o el general De Gaulle.

Si bien La Vera es una zona para disfrutar durante todo el año, la directora del Parador aconseja visitarla sobre en la primavera, “que todo está en explosión y la verdad que es maravilloso ver los colores y todo tan verde”; y en verano, por las 45 gargantas naturales “que son aguas cristalinas, con unas rocas muy grandes, cascadas… y estar bañándote ahí es como el paraíso”.

Garantiza que hospedarse en el parador merece la pena “y nadie se va a ir indiferente de aquí”. Y lo que sí advierte es de que, dada la oferta existente, se necesita al menos un fin de semana para hacer una ligera aproximación. “Hay un montón de actividades paralelas a hacer. Ahora en la floración se puede hacer un viaje en globo por todo el valle del Jerte, luego también hay paseos en quad por el parque de Monfragüe o la zona de alrededor… Se puede visitar una fábrica de jamones y ver cómo se elaboran, el pimentón, los quesos… Desde luego que con un día no llega”, enumera.

Además, para quienes piensen en escarparse unos días con sus niños, el Parador es un alojamiento ideal para hacer turismo familiar. Incluso, la directora destaca que, en 2018, Jarandilla de la Vera recibió el premio como mejor destino nacional para viajar en familia otorgado por la plataforma HomeAway.

Elemento de cohesión social

Originaria de León, Natalia Martínez cumplirá en junio siete años en Jarandilla de la Vera, el octavo parador en el que recala. Con una experimentada trayectoria, que le ha aportado una visión global de la red de la empresa pública hotelera, confiesa que, procedente de Málaga Gibralfaro, el cambio a tierras extremeñas fue brusco. “Venía del parador de Málaga, que el parador forma parte de la ciudad, y aquí la gente local lo tenía como algo elitista”, justifica.

terraza parador de jarandilla

Por ello uno de sus principales objetivos, en línea con la misión y visión de Paradores, ha sido promover un diálogo, cooperación y apertura a la sociedad, propiciando la colaboración con instituciones y organismos públicos; así como tratar de hacer del parador un foro de encuentro que estimule la cohesión social de la comunidad jarandillana. “Uno de mis objetivos fue que la gente local de aquí del pueblo lo viesen como algo suyo y que acudiesen asiduamente”, explica.

Así, además de facilitar que los huéspedes puedan dormir “como un emperador”, se han promovido diferentes eventos culturales y otro tipo de actividades. “Doy oportunidad para que la gente presente sus libros, porque por aquí hay mucho artista, o pintores, el año pasado se empezó el primer cine de la zona que se proyecta en edificios antiguos de la comarca, se han hecho muchas cosas piloto de la red de cooperación de Carlos V, donde están adheridos 20 países diferentes, han creado un producto y todo se ha hecho aquí.  Incluso el año pasado se empezó la especialización en comida renacentista, que contamos con Quique Dacosta, que es de Jarandilla de la Vera. Estamos haciendo un montón de cosas”, resume esperanzada.

Quiero irme al Parador de Jarandilla de la Vera