“Después de dar un concierto, quiero descansar en un Parador donde tengo toda la tranquilidad y el confort del mundo”

Ara Malikian

Violinista

 

Con esa imagen a medio camino entre rockstar y profeta, Ara Malikian es un violinista diferente. ¡Cómo no iba a mezclar tonalidades e influencias un armenio nacido en Beirut y ciudadano del mundo! Ahora defiende en directo, en escenarios de todo el mundo, su última propuesta, Royal Garage en el que lleva al extremo esa intención tan suya de hacer lo que le gusta a su manera. Y hace muy bien.

 

Ara Malikian

 

El título de su último trabajo, Royal Garage, trae a la memoria aquel garaje en Beirut en el que ensayaba cuando era un niño. Aquellas sensaciones debieron ser muy poderosas…

Sí que fueron poderosas porque, más que nada, lo que había tocado no era tan importante. La reacción de la gente que estaba en ese garaje sí que era impactante. Era una situación bastante peculiar. Estábamos metidos en garajes subterráneos durante semanas para protegernos de las bombas en la guerra del Líbano. El ambiente era de tristeza y stress, pero un día, como mi padre había bajado lo más valioso para él, sus violines, me pidió que tocara un poco. Vi el poder de la música, cómo transformaba a la gente y los llevaba a la alegría. En esa situación tan dramática, comenzó una fiesta en la que se bailaba y tocaban instrumentos.

Le queda una enorme gira por delante, que le llevará por todo el mundo. ¿Qué le aporta como músico el contacto con el público?

El contacto con el público lo transforma todo. Yo puedo estar tocando en casa y me divierto, pero si comparto esta obra con la gente que me viene a ver se convierte en otra pieza. Es algo emocionante. Como músico necesito al público para emocionarme y compartir lo que siento.

 

“Necesito al público para emocionarme”

 

¿Qué ha aprendido de tantos conciertos? ¿Se comporta igual el público mejicano que el inglés?

En el fondo, he visto que a todos los seres humanos nos llega la música. Es un lenguaje universal. Luego cada uno puede tener una reacción un poco diferente. En China pueden comportarse de manera distinta a Irlanda. Como todos estamos abiertos a recibir la música me inclino más a pensar que el público es lo mismo en todo el planeta.

¿Cómo fue el proceso creativo que le llevó a Royal Garage? No sería fácil alternar los conciertos de The incredible world tour of violin con la preparación de este trabajo…

Los dos proyectos se solaparon. Fue terminar la gira anterior y comenzar la gira del nuevo disco, en el plazo de una semana. La grabación del nuevo trabajo se hizo en los huecos que teníamos libres, aunque la preparación fue muy larga. Comencé a plantear este disco un año antes. Sabíamos que iba a ser difícil seguir de gira y grabar, pero la experiencia fue muy satisfactoria. Finalmente ha salido como doble disco, porque hubo tiempo para grabar muchas cosas.

Está usted bien acompañado. En el disco hay artistas invitados como Bunbury, Tankian o Battiatto. ¿Es fácil entenderse con tantos genios?

Como decía antes, el lenguaje universal es la música. Cuando la música habla, la música anda. Es verdad que cada artista de los que sale en este disco viene de un mundo diferente, pero a todos nos une el amor a la música y a las emociones que genera. El trabajo fue muy fácil y muy natural. No elegimos los artistas invitados de una manera estratégica, por intereses económicos. Llamamos a los artistas a los que me siento cercano, por eso fue todo muy sencillo con ellos.

No es la primera vez que trabaja con músicos de rock…

Me gusta el rock. Siempre he escuchado rock y me siento cercano a este género como al clásico, al jazz o a las músicas zíngaras. Soy un artista que hace de todo. No pretendo ser un artista rock ni un artista flamenco. Hago lo que me gusta a mi manera. Además, la primera estrella de rock fue un violinista clásico, Paganini.

¿Le ha importado alguna vez la opinión de los puristas de la música clásica?

Alguna vez sí, por supuesto. Luego me di cuenta de que no servía para nada y que un artista no debe estar pendiente de las opiniones de los demás. Debe estar pendiente de la reacción del público, que es para quien uno toca. Yo vivo del directo. Cuando un crítico me da su opinión de un concierto le escucho, claro, pero a quién más caso hago es al público. Si el público se queda a medias no me sirven los demás cumplidos. Soy feliz cuando recibo la energía del público.

¿Es un mitómano de los violines? Recuerdo cuando bromeaba hablando de Alfredo Ravioli, un luthier inventado por usted…

La verdad que no. En el mundo de la música clásica hay una obsesión muy grande por tener el violín adecuado para los conciertos. Con los años he aprendido que uno saca el sonido que quiere con sus dedos. Hay una anécdota sobre un violinista muy famoso de los 50 que tenía un Warner muy bueno. Una señora fue a su camerino y le dijo que el sonido de ese violín era increíble. El violinista llevó el violín a su oído y le decía que él no oía nada… Al final es la persona quien hace el sonido.

 

“El público español tiene buen gusto, son los medios los que ponen las mismas cosas”

 

¿Qué hace falta para convencer a este país de que no pasa nada por escuchar música clásica?

España es un país con mucha afición a la música. Quizá la clásica no sea la más escuchada, pero hay una tradición musical muy rica gracias a todos los pueblos que han pasado por aquí. Lo importante es que tengamos medios para que suene todo tipo de música, y parece que en radio o televisión cuando suena una música más alternativa va a ocurrir un desastre económico. Eso me da pena. En todas las cadenas suena el mismo tipo de música y no hay atrevimiento en hacer cosas diferentes. El público español tiene buen gusto, son los medios los que ponen las mismas cosas.

Usted tiene un hijo pequeño, Kairo. ¿Cómo cambió la paternidad al músico?

Mi hijo cambió mi vida entera, aunque no tanto la manera de entender la música. ¡La verdad es que mi manera de entender la música cambia casi a diario! Kairo, como le amo tanto, me ha inspirado mucho a la hora de componer.

Cuando uno pasa tanto tiempo fuera de casa supongo que elige con cuidado dónde descansar ¿Conoce la red de Paradores?

La conozco muchísimo. Viajando tanto hay una cosa que he aprendido. Para el poco tiempo que tenemos para descansar, intento tener lo mejor. Por eso después de dar un concierto, quiero descansar en un Parador donde tengo toda la tranquilidad y el confort del mundo. Eso es un lujo muy grande con el que no hago concesiones. Prefiero estar muy bien cuidado, aunque tenga poco tiempo para descansar.

Firma: Luis Tejedor

Fotos: Editorial MIC